Así es como era conocido el director de fotografía americano Gordon Willis (1931-2014), asociado a la filmografía de Woody Allen y a la trilogía de El padrino de Francis Ford Coppola; fallecía el 18 de mayo a causa de un cáncer a la edad de 82 años.
Iniciándose en la publicidad y el documental, disciplina esta última que influyó fuertemente es su estilo posterior, “se aprende a eliminar, en lugar de añadir (…) No mucha gente entiende eso. Soy minimalista, ver las cosas de manera simple, es como mejor podemos definir la complejidad de la naturaleza humana“.
Ayudó a definir el aspecto visual del cine de los 70, poniendo de relieve con sus composiciones sofisticadas las ambigüedades morales de esa década, en títulos tan destacados como: Klute (1971); El último testigo (1974) y Todos los hombres del presidente (1976), todas ellas dirigidas por Alan J. Pakula. Resulta anecdótico que entre 1970 y 1977 trabajara en seis películas que recibieron un total de 39 nominaciones a los Oscar, ganando 19 veces; incluyendo 3 premios a la mejor película, y que en ninguna ocasión su trabajo fuera simplemente reconocido con una nominación. Un tema que siempre ha creado cierta controversia y que se atribuye a su nada oculta antipatía por el mundo de Hollywood y a que su obra siempre haya ido por delante de su tiempo. En 1977 con Annie Hall inicia una relación laboral con Woody Allen, que comprenden los títulos Interiores (1978); Manhattan (1979); Recuerdos (1980); La comedia sexual de una noche de verano (1982); Zelig (1983) que en su recreación de la invención de la fotografía en este falso documental, obtendría su primera nominación al Oscar; y por último La rosa púrpura de El Cairo (1985). El director Francis Ford Coppola dijo: “Tiene un sentido natural de la estructura y la belleza, no muy diferente de un artista del Renacimiento“. Con El padrino (1972) su trabajo resultó ser innovador en su uso de la fotografía con poca luz y la película subexpuesta, así como en su control de la iluminación y la exposición para crear los tonos sepia que denotaban escenas de época, especialmente las del joven Vito Corleone. Un recurso que sería a partir de entonces imitado hasta la saciedad.
En la encuesta que realizó el gremio de Cineastas Internacionales en 2003 pusieron a Willis entre los diez cineastas más influyentes de la historia. Finalmente en 2009, la Academia de Hollywood le concede un Oscar especial a toda su carrera como “maestro de las luces y las sombras”.

Imagen: Manhattan, de Woody Allen, 1979.