A veces un sólo color puede ser suficiente. El monocromo es casi un subgénero de la pintura y han sido muchos los que han preferido utilizar un sólo color para desarrollar el trabajo de una vida. Ahora la galería Adora Calvo inaugura una exposición colectiva que, inteligentemente, ha centrado en el monocromatismo de algunos artistas de trayectoria sobradamente conocida: Bill Thompson; Rosa Brun; Rainer Splitt; Ubik; María Lara; José María Iturralde; Mitsuo Miura y Ángeles San José. Desde el origen del suprematismo ruso con Cuadrado negro de Malevitch, en 1912 se empieza a marcar un camino de no retorno en el que la pintura se aboca hacia una pureza llena de dificultad. Han sido muchos artistas los que en todo el mundo desde Asia hasta Latinoamérica han buceado en el blanco como único color, (desde Ryman hasta Reveron, por citar solo unos ejemplos de sobra conocidos). La historia contemporánea del arte nos demuestra que lo que en un principio parecía que nos encerraba con “un juguete sólo” y nos amenazaba con un aburrimiento infinito, con la repetición sistemática de un tic repetitivo, se ha convertido en una vía creativa llena de variaciones y libertad. Los artistas de esta exposición así lo demuestran con unos trabajos que tanto en técnicas como en formatos y soportes son de una variación infinita, donde el color, aún siendo uno sólo, se convierte en diferencia, en grito o susurro de una práctica de expansión creativa.
Imagen: Obra de José María Yturralde.