OPINIÓN

Cuando las cosas se ponen difíciles parece que mirar atrás supone un bálsamo. Nada más erróneo. Mirar hacia atrás solamente puede servir de bálsamo compensatorio por lo perdido, lo añorado. Pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor solamente quiere decir que el tiempo presente es una autentica mierda. En tiempos de crisis los remakes, las revisiones, el cerrar puertas y ventanas suele servir como el recurso del avestruz, que escondiendo la cabeza piensa que ya nadie le puede ver. No hay que subrayar que esconderse nunca nos ha salvado de nada.
Quisiera hacer un llamamiento a la acción, al movimiento, al presente, y no digo al futuro, pues me parece tan mesiánico mirar hacia ese infinito nebuloso del nunca jamás futuro como asomarse al vértigo del abismo que ya superamos. Siempre me han aburrido esas señoras que te hablan con suspiros de lo guapísimas que eran con 18 años… ¿Quién no es hermoso con dieciocho años? Las señoras que con cincuenta o sesenta años siguen siendo hermosas nunca te hablan de la adolescencia. Cierto que las arrugas, el paso del tiempo, … el paso del tiempo es simplemente la vida. Neruda confesaba que había vivido, como disculpándose por haber vivido realmente tanto, más bien por haber disfrutado tanto. Enhorabuena, viejo. Ayer murió Juan Gelman, adiós maestro. Nos quedaremos para siempre con sus textos y con su memoria, pero también con su acción, con su amor, a pesar de todo, por la vida, por mirar hacia delante; que no significa olvidar, sino todo lo contrario: hay que seguir viviendo para arreglar lo que ayer se hizo mal. Nunca olvidar, tal vez perdonar, sólo tal vez.
En estos últimos meses el recuerdo, sobre todo el recuerdo de los 80, se cierne sobre el arte español. Bien. Los ochenta fueron un tiempo de vida ingente, de acción inmediata y por lo tanto fugaz. Recoger los fragmentos puede estar bien, recuperar discursos inacabados puede completar una historia no escrita, aunque siempre todas las historias se olvidan de los artistas que fueron silenciosos, los que vivían al margen del espectáculo. Hoy en día tiemblo al pensar en cuantos grandes artistas pueden tapar personajes como Ai Wei Wei, aunque posiblemente de igual, pues al final, la vida se vive, se disfruta y se sufre y cuando se acaba no nos importa ni la memoria, ni los recuerdos que queden de nosotros. ¿Para qué puede servir la fama después de muerto? Este es un buen tema para tesis doctoral, incluso algún joven curador puede plantear una exposición con este tema (aunque lo expuesto no tenga que ver con nada de lo aquí escrito). La fama es solamente el pasado. ¿A quién le interesa el pasado si no es a los muertos?
Recuerdos, memorias, cuéntame cómo fue, qué pasó, quién fue, quién dijo qué y porqué… el discurso en la cultura es inagotable, pero insistir en un discurso del pasado que no sea investigación histórica me parece banal. Y aquí estamos, entre la banalidad y la frivolidad: con exposiciones que vienen del pasado y sólo llegan al ayer, con pilotos de fórmula uno que muestran sus cositas para un gran público deseoso de ver como se disfruta el éxito, el triunfo ajeno, cómo la paja en el ojo ajeno es, siempre, más interesante que la viga en el propio, que la vida propia. Pero, sobre todo, de tanto mirar atrás, además casi siempre sin ira, y tanto mirar a los futbolistas, modelos y ricos variados, forma parte de una estructura ideológica provocada por una derecha letal que pretende que no prestemos atención a nuestras vidas hoy, porque hoy es cuando nos la están quitando. Es hoy cuando nuestros bolsillos y nuestros cerebros están siendo asaltados sin piedad, mientras nosotros recordamos lo felices que fuimos (¿realmente fuimos tan felices?) hace un montón de años. Alguien dijo que cuando todo lo que contamos empieza con “hace mas de 20 años” es que somos viejos, yo personalmente creo que somos exactamente algo más de 20 años más viejos. Pero la vida es hacerse viejo, es que pasen 20 años y dentro de esos 20 años pasen artistas, libros, películas, personas, lugares, simplemente vida. Realmente, señores y señoras que posiblemente me lean, nunca fuimos tan jóvenes como creemos, nunca fuimos tan felices como queremos creer y nunca nuestro arte fue tan incomprendido como queremos contar. Como dice mi psicoanalista, las cosas son como son, y cada uno decide como son las cosas.