No ha sido ninguna sorpresa: Miguel Falomir (Valencia, 1966) ha sido nombrado director del museo más importante del Estado español y sin duda una de las referencias artísticas mundiales. Hasta ahora director adjunto y mano derecha de Miguel Zugaza (quien ya adelantó que Falomir sería su sustituto) este experto en pintura del Renacimiento tiene poco que demostrar en su nuevo puesto. Es sin duda, “uno de los nuestros”, es decir, es de la casa, surge desde las entrañas del Museo Nacional del Prado donde ha sabido situarse como profesional y como la gran promesa de la “cantera” toda vez que Gabriele Finaldi fue nombrado director de la National Gallery de Londres. Su nombramiento ha sido unánimemente celebrado y lo mas destacado es el regreso a la dirección del Prado de un especialista, de una figura técnica de prestigio internacional, muy lejos del perfil del anterior director Miguel Zugaza, que procedía de la gestión, más cercano al arte actual y sin perfil de experto en nada. Durante su larguísimo mandato, ajeno a ideologías políticas, Zugaza ha actualizado la gestión (es decir ha implantado usos claramente neoliberales) teniendo enfrentamientos con el personal, que ha sido oportunamente silenciado por los medios. El Prado es intocable y se intenta proteger y alejar de debates y de rumores, y así nadie critica la pésima ampliación del otro icono incontestable de la cultura española actual, el arquitecto Rafael Moneo, igual que nadie se preguntó nunca porque Cristina Iglesias se encargó de realizar las puertas de esta ampliación. Miguel Falomir llega sin mácula en todas estas, y muchas otras , historias, y ni siquiera nadie le va a cuestionar haber sido elegido directamente, sin concurso público y lejos de las normas de buenas prácticas que de alguna manera han marcado la selección de los directores de los museos y centros de arte contemporáneo en España. Aún es pronto para saber si esta decisión será algo aislado o implantará nuevamente la designación “a dedo” de los futuros nombramientos. Lo que si deja claro es que el Prado se rige por unas normas diferentes que el resto de los museos españoles, tal vez queriendo decir que en arte contemporáneo se puede experimentar, pero que en arte clásico las cosas son mas serías y mas profesionales. Tal vez, por fin, esta vez se abra un debate que también afecte al Prado.