OPINIÓN

El Kabuki es un tipo de teatro japonés en el que, desde 1629, todos los papeles son interpretados por hombres. Una escenificación de hechos históricos y cotidianos en la que se usa la danza y la interpretación, y en el que el papel de las mujeres es escenificado por hombres disfrazados de mujeres. Estoy empezando a pensar que todos vivimos en una especie de escenario kabuki inmenso en el que los hombres no se disfrazan de mujeres (bueno, algunos sí) pero se encargan de que no haya lugar ni papeles nada más que para hombres. Hace poco leía que el Premio Nobel en Fisiología y Medicina otorgado en 1962 a Maurice Wilkins, James Watson y Francis Crick por el descubrimiento de la doble hélice del ADN siempre estuvo en duda, ya que realmente parece ser que fue su compañera de laboratorio Rosalind Frank, muerta de cáncer debido al exceso de exposición a los rayos X durante sus investigaciones, la descubridora y que, según unos, le robaron los resultados y, según otros, debido a su incipiente enfermedad simplemente no contaron con ella para firmar el descubrimiento. Método Kabuki.

Esta mañana leía en El País que fue una mujer la pionera del cinematógrafo, Alice Guy Blaché  (1873, París; 1968, Nueva Jersey) que grabó su primer film en 1896, de poco más de un minuto de duración y en el que ya incluía trucos visuales, y que en dos décadas filmaría entre París y Nueva York un total de casi mil películas. Su importancia en su época le llevó a las páginas de la historia del cine y a que en 1955 el Gobierno francés la condecorase con la Gran Legión de Honor. Por supuesto pudo empezar a hacer cine al asegurarle a su jefe (en una empresa de fotografía) que eso no le impediría seguir trabajando como su secretaria. Dedicaría sus últimos 30 años a intentar recuperar sus películas (de las que hay una copia coloreada a mano en la Filmoteca de Madrid) después de comprobar que su nombre había sido eliminado de todas las historias del cine y borrada toda huella de su existencia en cualquier documento. [Para más detalles lean el libro Vida de Alice Guy Blaché (EILA Editors) de Alejandra Val Cubero] Claramente un ejemplo del método Kabuki aplicado a la historia del cine.

La pregunta sería cuál es la razón para todo ese trabajo en borrar la huella de las mujeres, eliminarnos de la historia, que nuestros nombres no aparezcan, que no tengamos ni premios ni honores, a poder ser que desaparezcamos sutilmente después de retirar la mesa y los hombres pasen a la biblioteca a fumar y a hablar de sus cosas. No sé si son conscientes todos los hombres que practican el método Kabuki del daño que les están haciendo a sus madres, a sus mujeres, esposas y/o amantes, a sus hermanas, a sus hijas. No sé de dónde viene tanto odio, o tal vez tanto miedo. Pero si sé que son miles de mujeres las que son borradas de las fotos, en las que ni hoy en día aparecemos en el número que realmente merecemos, condenadas a unas cuotas humillantes e injustas, cuando podemos ocupar todos los puestos por derecho propio, por nuestros conocimientos y capacidades, y no poder llegar a hacerlo (generalmente las menos adecuadas) por unas cuotas que nos regalan los hombres. Las mujeres leemos más, somos mayoría en las universidades de los países desarrollados, y en los subdesarrollados somos las que más y mejor aprovechamos los microcréditos, las que parimos y sacamos adelante a la familia. En la parte del mundo desarrollada y en la subdesarrollada. Pero seguimos pidiendo perdón por ser brillantes, al parecer no nos interesa ese combate. María Moliner en la dedicatoria de la primera edición de su Diccionario del uso del español le pedía disculpas a su marido por todo el tiempo que le había quitado a él para poder realizarlo. Moliner redactó esta increíble obra, aún no superada, en la mesa de su cocina en fichas a mano, sin ayudantes ni secretarias (para los nativos digitales sólo recordarles que no existían ordenadores) algo que un hombre no hubiera podido hacer nunca. Pero ella pide perdón. El método Kabuki no pudo con ella, pero ha podido con miles de mujeres que no aparecen en la historia del arte, novias modelos que realmente fueron compañeras de escuela, pintoras, artistas que se embarazaron demasiado jóvenes, esposas silenciosas… borradas de la foto de la historia.

Pero lo que no se recuerda ya es que el teatro Kabuki empezó siendo en 1603 (hasta 1629) exclusivamente un espectáculo de danza y teatro en el que sólo actuaban mujeres, disfrazadas de hombres para los papeles masculinos. Lo que ya nadie recuerda, nadie dice, es que el teatro Kabuki siempre se caracterizó por el excesivo y depurado maquillaje que usaban sus actores, tanto los papeles femeninos como los masculinos.