Con la reciente adquisición de la feria de Honk Kong por la Messe
de Basilea que ya organiza la feria de Miami Basel, el mercado de las ferias cambia el mapa de fronteras económicas instaurado hasta hoy. A partir de ahora el mercado global tiene tres puntos distribuidos estratégicamente que responden a una sola vez y a unos intereses muy concretos. Art Basel tiene la feria más importante de Europa en Basel, Suiza, un país en el que el dinero es algo más que en cualquier otro, un lugar clave para el comercio y las inversiones. Pero además cuenta con la feria más importante de América, situada en un lugar también clave: Miami, puerta de comunicación del dinero entre el Sur y el Norte, bueno no sólo del dinero, pero especialmente del dinero. Con una tercera feria en Asia, también en un lugar especialmente adecuado para las transacciones económicas como es Honk Kong, Art Basel se refuerza y se convierte en un poder absoluto en el mundo de las ferias de arte.

Pero no solamente es Art Basel la que define un mercado artístico oligopólico, en manos de unos pocos que detentan todo el poder y la riqueza del sector. Frieze, la feria de la revista del mismo nombre con sede en Londres, había sido hasta ahora –al menos como imagen había funcionado– la feria más radical y emergente de entre todas las existentes. Aunque a veces esa radicalidad se ha medido por la ausencia de marcos y la abundancia de chinchetas y montajes cutres en vez de por obras realmente al margen del establishment artístico. A partir de ahora Frieze anuncia que abre una feria nueva en Nueva York, en el corazón de las tendencias y en el de la economía artística norteamericana. Al mismo tiempo abre una revista en Alemania, y en alemán, teorizando en contra de los centros tradicionales (“Paris, Londres, Nueva York ya no son el centro de nada, ¿porque no generar una revista desde Frankfurt, desde Berlín, desde Viena?”) y a favor de un provincianismo intelectual nada provinciano, por cierto. La realidad es que siguen una política cuyo lema sería “donde el dinero nos lleve”. Y el dinero les lleva de Londres a Nueva York, dos polos de un mercado sajón fuerte, la cuna del comercio y de la bolsa. Pero, además, por si algo se le escapaba, Frieze anuncia también otra feria en Londres, una dedicada al arte clásico y moderno, Frieze Master. Otro terreno en el que las ferias de antigüedades se van quedando obsoletas.
Pequeñas pero atrevidas aventuras multinacionales como Volta, Scope o Pinta, con sedes en Londres, Nueva York, o Chicago se quedan con la boca abierta viendo como el bocado se les escapa.

Mientras tanto Art Forum Berlín no se celebrará este año, pues las galerías han optado por otra fórmula diferente a la feria, pero en las mismas fechas, para promocionarse, y ciertamente no se puede hacer una feria de arte sin el apoyo de las galerías.

Las ferias se mueven, resituándose para repartirse un mercado que está en manos de poco más de cincuenta galerías en todo el mundo. Las migajas restantes se dividen entre centenares de ferias locales, nacionales y temáticas por todo el mundo. Y tal vez en poco tiempo de oligopolio lleguemos a un acuerdo monopolístico. Pero mientras los poderes económicos del mundo del arte se mueven y hacen sus tratos, muchos siguen pensando que el arte y el dinero, el poder, son mundos que nunca se comunican. Felices sueños.


Imagen: Vista de la instalación de Hans-Peter Feldmann en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York con los 100.000$ del Hugo Boss Prize 2011

Con la reciente adquisición de la feria de Honk Kong por la Messe
de Basilea que ya organiza la feria de Miami Basel, el mercado de las ferias cambia el mapa de fronteras económicas instaurado hasta hoy. A partir de ahora el mercado global tiene tres puntos distribuidos estratégicamente que responden a una sola vez y a unos intereses muy concretos. Art Basel tiene la feria más importante de Europa en Basel, Suiza, un país en el que el dinero es algo más que en cualquier otro, un lugar clave para el comercio y las inversiones. Pero además cuenta con la feria más importante de América, situada en un lugar también clave: Miami, puerta de comunicación del dinero entre el Sur y el Norte, bueno no sólo del dinero, pero especialmente del dinero.

Con una tercera feria en Asia, también en un lugar especialmente adecuado para las transacciones económicas como es Honk Kong, Art Basel se refuerza y se convierte en un poder absoluto en el mundo de las ferias de arte.

Pero no solamente es Art Basel la que define un mercado artístico oligopólico, en manos de unos pocos que detentan todo el poder y la riqueza del sector. Frieze, la feria de la revista del mismo nombre con sede en Londres, había sido hasta ahora –al menos como imagen había funcionado– la feria más radical y emergente de entre todas las existentes. Aunque a veces esa radicalidad se ha medido por la ausencia de marcos y la abundancia de chinchetas y montajes cutres en vez de por obras realmente al margen del establishment artístico. A partir de ahora Frieze anuncia que abre una feria nueva en Nueva York, en el corazón de las tendencias y en el de la economía artística norteamericana. Al mismo tiempo abre una revista en Alemania, y en alemán, teorizando en contra de los centros tradicionales (“Paris, Londres, Nueva York ya no son el centro de nada, ¿porque no generar una revista desde Frankfurt, desde Berlín, desde Viena?”) y a favor de un provincianismo intelectual nada provinciano, por cierto. La realidad es que siguen una política cuyo lema sería “donde el dinero nos lleve”. Y el dinero les lleva de Londres a Nueva York, dos polos de un mercado sajón fuerte, la cuna del comercio y de la bolsa. Pero, además, por si algo se le escapaba, Frieze anuncia también otra feria en Londres, una dedicada al arte clásico y moderno, Frieze Master. Otro terreno en el que las ferias de antigüedades se van quedando obsoletas.

Pequeñas pero atrevidas aventuras multinacionales como Volta, Scope o Pinta, con sedes en Londres, Nueva York, o Chicago se quedan con la boca abierta viendo como el bocado se les escapa.

Mientras tanto Art Forum Berlín no se celebrará este año, pues las galerías han optado por otra fórmula diferente a la feria, pero en las mismas fechas, para promocionarse, y ciertamente no se puede hacer una feria de arte sin el apoyo de las galerías.

Las ferias se mueven, resituándose para repartirse un mercado que está en manos de poco más de cincuenta galerías en todo el mundo. Las migajas restantes se dividen entre centenares de ferias locales, nacionales y temáticas por todo el mundo. Y tal vez en poco tiempo de oligopolio lleguemos a un acuerdo monopolístico. Pero mientras los poderes económicos del mundo del arte se mueven y hacen sus tratos, muchos siguen pensando que el arte y el dinero, el poder, son mundos que nunca se comunican. Felices sueños.

Vista de la instalación realizada con los 100.000 dólares del Hugo Boss Prize en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York por Hans-Peter Feldmann