OPINIÓN

Posiblemente nadie se ha parado a pensar quién era ese hombre o esa mujer que le da nombre a la calle donde vive. En España prácticamente nadie por debajo de los 40 años sabe los nombres de los últimos seis presidentes de gobierno, desde la muerte del dictador. No se acuerdan. No lo han vivido, no lo han estudiado, algún nombre pueden decirte pero no los seis, y mucho peor, más de uno dirá nombres de personajes que ni siquiera han sido ministros, incluso te pueden dar el nombre del rey. Pero todo el mundo sabe quién es Abraham Lincoln. De los de la República ya no vamos ni a soñar con que sepan ningún nombre. Y es nuestra historia reciente. Claro que en la última celebración de El Grito en México una encuesta nos aclaraba que la gran mayoría de los entrevistados no tenía ni idea de quién dio el grito de independencia (“el Grito” se dio el 16 de septiembre de 1810 en la pequeña villa de Dolores, cerca de Guanajuato, así se llama al pronunciamiento de la guerra de la Independencia, y lo dio el cura Miguel Hidalgo, y desde 1825 es la fiesta nacional que conmemora la Independencia de México). Pero peor aún: una gran parte de los encuestados no sabía de quién se independizaba México, y muchos creían que se festejaba la independencia de los Estados Unidos de América. Ya no se acordaban, o no lo sabían, aunque todos lo han estudiado, leído, oído alguna vez, pero se les había olvidado. No les debe parecer importante para nada.

Ustedes dirán que estas cosas no importan, total pertenecen al pasado y el no saberlas no va a alterar nuestras vidas. Claro, ya con esa actitud se nos va a olvidar todo (quien inventó la penicilina, el motor a vapor, quien hizo el primer trasplante de corazón…) lo que realmente no nos sirve para nada. No olvidamos, en cambio, los nombres de los jugadores de nuestro equipo de futbol en sucesivas temporadas, ni de los de otros equipo, y recordamos perfectamente los nombres y las canciones de esos pequeños ídolos de pvc del mundo de la música…, esas sí son cosas que realmente importan. Puestos así, los más jóvenes se están olvidando de leer (para qué si tienen google), incluso cuando en el colegio les obligan (¡qué horror!) a leer un sólo libro por año, buscan si se ha hecho alguna película de esa novela y así se ahorran tener que leerla, porque para qué perder el tiempo en algo que no les va a servir para nada, pudiendo leer 50 Sombras de Grey o Los juegos del Hambre, porque esos libros sí que merecen la pena invertir unas horas, y además luego, o seguramente antes, pueden ver las películas y así no tienen que imaginarse como serían los protagonistas ni hacer el más mínimo esfuerzo mental. A la sociedad se le ha extirpado la memoria, y luego nos quejamos de que voten mayoritariamente a políticos que los humillan y roban, y es que no se acuerdan de nada. No leen nada, han perdido la capacidad de distinguir lo bueno de lo menos bueno. Se han olvidado de todo lo que no les parece importante, sólo van al futbol y ven la TV porque es lo más guay, lo más fácil, lo más divertido, y no hace falta ningún esfuerzo.

Así, en España, por poner un ejemplo, se cierran los cines y las librerías (a un ritmo de dos por día) y en dos años se han cerrado 96 bibliotecas públicas. Así, nuestro gobierno se olvida de que el Ateneo Español en México, símbolo del exilio español, está al borde de su desaparición, porque aquí (y en muchos otros sitios) los políticos aprovechan que sus futuros votantes ni saben ni se acuerdan de nada para gastar su dinero en cosas más importantes, como cobrar sueldos escandalosos y llevarse a paraísos fiscales todo lo que puedan, mientras su pueblo ve otro gran partido de futbol y es feliz por un rato. Y luego se olvidaran de todo menos de quienes metieron los goles. Y es que la cultura es un estorbo que solo ocupa lugar, y cuando te cambies de casa aprovecha para tirar los libros de tus padres, que a ti ya no te sirven para nada y prefieres poner en la biblioteca de antes convertida hoy en estantería, algunas figurillas tan bonitas y recuerdos de tus viajes a países y ciudades que ya, francamente no recuerdas bien y confundes con otros parecidos, total eran otros países y no piensas volver.

Monty Phyton, El partido de los filósofos