OPINIÓN

Los que no tienen memoria no pueden entender el presente, pues al olvidar el pasado quedan perdidos en un tiempo absurdo que no lleva a ningún sitio. Para ellos no existe el futuro, pues su falta de memoria crece con el paso del tiempo y son víctimas de un Alzheimer funcional que no impide un desarrollo social aparentemente normal, pero que les convierte en seres vacíos. Este mes de junio se cumple el 75 aniversario de la llegada al puerto mexicano de Veracruz del Sinaia, el primer buque cargado con más de 1.500 republicanos que huían de una España derrotada, del fin de la República y de la instauración de una tiranía salvaje, que los que no tienen memoria creen que sólo fue una etapa de excepción hasta que se instaura la monarquía. A esos republicanos que salían de una España que nunca olvidarían, pero que se convertirían en mexicanos, se les unirían miles más en sucesivas oleadas de emigrantes españoles que viajaban sin apenas equipaje, pero con una gran memoria y con una cultura impredecible. Fueron recibidos como amigos, como hermanos, por el pueblo y la sociedad mexicana que nunca reconocería al gobierno de la dictadura española hasta la llegada de la transición y de la democracia en España. Para ellos España siempre fue República. Esa es la conocida como segunda oleada de españoles que llegaban a México. Si la primera fue una invasión brutal y ciega que pretendió acabar por la violencia con una cultura milenaria, esta segunda oleada de republicanos cultos, en los que no había guerreros sino perdedores, en las que había científicos, profesores, médicos, abogados, hombres y mujeres de letras y de ciencias, fue esencial para el desarrollo de la sociedad mexicana. Esos españoles modernizaron y socializaron la enseñanza y la educación, la medicina y la política, la investigación y la ciencia. Españoles convertidos en mexicanos por la solidaridad y generosidad de un pueblo que nos abría sus casas y sus corazones. Los españoles dimos todo lo que teníamos, y casi todos murieron en su nueva tierra. Tuvieron hijos mexicanos, que seguían defendiendo la República Española y la cultura y el progreso universal. Esa es una memoria que no debemos olvidar, ni en este aniversario ni nunca. Una enseñanza de la vida y de la historia que no debemos olvidar ni los españoles ni los mexicanos, sobre todo hoy que una tercera oleada de españoles salimos de nuestro país fragmentado, arruinado y sin rumbo, otra vez hacia México. Hoy no viajamos en barcos, hacinados y organizando lecturas, conferencias, charlas y debates para amortiguar la penuria de un viaje inevitable e interminable. Vamos en avión, vuelo directo Madrid-DF, pero vamos igualmente solos, con el corazón herido y la nostalgia de la distancia, la pérdida de la cercanía de los nuestros, vamos hacia el esfuerzo, sabemos que nuestro destino es la distancia. No olvidemos nunca que es un honor volver a México, tierra de amigos, de hermanos, con los que siempre estaremos en deuda… si no perdemos la memoria. Pero los mexicanos tampoco deben olvidar que aquellos locos españoles que creían en la igualdad y en la libertad se volvieron mexicanos y lucharon por y con ellos, que pusieron en práctica y compartieron, en cualquier situación, sus sueños, sus conocimientos, y sus afanes, su experiencia para mejorar una sociedad que ya nunca sería como antes de la llegada a Veracruz del Sinaia. Nosotros, esta tercera oleada, somos sus nietos, también somos republicanos, aunque algunos ni lo sepan porque han olvidado que España fue una República hasta el golpe militar, hasta la guerra que perdimos todos y de la que todavía estamos intentando recuperarnos. Este mes de junio, cambiamos de rey, de un borbón a otro, de padre a hijo, de una dinastía que no nos corresponde, por eso me gustaría que se recuperase la memoria, que se enseñase bien la historia inmediata. Que se valorase ese oro que la República ciertamente sacó de España rumbo a México: lo mejor que había en España, la inteligencia, la cultura y la ilusión de sus profesores, sus científicos, sus médicos… hombres y mujeres que se hicieron mexicanos por amor a una tierra y agradecimiento a sus habitantes.

Imagen: El Sinaia en el puerto de Veracruz, 13 de junio de 1939. Imagen tomada del libro: Verónica Rivera Suárez y Raúl Godínez, México a través de los Mayo. Paco y Faustino Mayo, México, Segob, AGN, Conaculta-Fonca, 2002, p. 49.