A partir del 17 de abril podrá visitarse la nueva exposición que la
Tate Modern de Londres dedica a Henri Matisse. Centrada en la
última etapa de su carrera artística, cuando los problemas de salud le
alejaron de la pintura, la muestra recoge aquellos trabajos en los que
Matisse “esculpía el color” configurando sus famosas series de
cut-outs. A la vejez, viruelas: el gran pintor había inventado un
nuevo medio.
La exposición reúne 120 cut-outs procedentes de
colecciones de todo el mundo. Se trata de obras compuestas a partir de
recortes de papel pintado que componen un amplio catálogo de formas
-bailarines, escenas circenses, caracoles- a modo de gran
environment o instalación. La pista para esta concepción conjunta
se encuentra en una fotografía del estudio de Matisse que revela que
The Snail, Memory of Oceania y Large Composition with
Masks
fueron concebidas como un todo unificado. Los primeros
cut-outs creados para el libro Jazz inauguraron una profunda
reflexión sobre las posibilidades escultóricas del color y de la línea. Es
decir, una nueva vía por la que perseguir la libertad de expresión que
tanto ansiaba Matisse. Se trata de una revisión del último trabajo del
artista que, según el comisario y director de la Tate Nicholas Serota,
despertará una nueva admiración por él. Por un hombre que, postrado en su
cama, fue capaz de crear obras vibrantes y llenas de vida y color. Serota
destaca la embaucadora simplicidad de los cut-outs que, unida a la
sofisticación creativa propia de los grandes maestros, convierten la
exposición en un evento único y sorprendente: lo que en un principio
podría parecer obra hecha por niños resulta ser el último trabajo de un
anciano muy joven que empezaba algo nuevo. (TATE Modern, Londres.
Del 17 de abril al 7 de septiembre de 2014.)

Imagen: Henri
Matisse
. Desnudo azul (II), 1952.