OPINIÓN

A veces las frases de ciertas personas son más que palabras. No sólo por quien las dijo, sino por lo que encontramos en ellas de luz, de guía, de claridad. Claro que si no la hubiera dicho o escrito “esa” persona posiblemente se hubiera perdido entre las voces infinitas a las que nadie atiende. Sea como fuere, hay veces que esas citas en textos de todo tipo, en novelas, en Facebook, nos llaman la atención. En ocasiones son simplemente frases que dice un personaje de una novela, alguien inexistente que sirve de canal para la voz del escritor. Esas frases, a veces, son aclaratorias de una situación y nos llegan de golpe, como el rayo de luz que hizo caer a Paulo del caballo, convirtiéndole al cristianismo. “El arte no es importante por sí mismo sino por la atención que atraemos sobre él”. Una frase leída sin contexto, así, llama mi atención y me hace pensar en cual es realmente la importancia del arte. Es una frase escrita por Marcel Duchamp, y eso, tal vez, hace que le prestemos más atención que si fuera, por ejemplo, mía.

Unos días atrás leía un comentario de Francesc Torres , en el que se preguntaba si realmente todo el arte político acaba siendo decorativo. Es decir, ¿todo el arte acaba siendo decorativo? Si juntamos de alguna manera las dos frases podemos decir que tal vez realmente el arte, los objetos que llamamos obras de arte y que son comercializadas a través de galerías, ferias, exposiciones, etc., son como una mariposa que sólo vive 24 horas y que la única razón para eternizarla clavada por un alfiler en un papel en una caja, convertida en objeto, sea exclusivamente por su belleza. Miro a mi alrededor, en mi casa y en mi memoria: ¿esos cuadros, esas fotografías que he comprado con pasión y con esfuerzo, son solamente decoración? ¿El Origen del mundo de Gustav Courbet, es sólo decoración? Las obras que nunca pude tener pero que he visto en exposiciones y museos, en libros y revistas… ¿Sólo son objetos decorativos? Sinceramente, creo que sí, que una vez realizados por sus artistas, sin duda con pasión y guiados por una necesidad a veces innombrable, simplemente porque no podemos encontrarle el nombre adecuado, escupidos al mundo exterior desde sus cerebros y desde sus estómagos a través de sus manos y de sus ojos, se convierten en mariposas muertas. Se convierten en objetos de una exposición que cuelgan desde las paredes ya con los últimos jirones de sus almas expuestos para los que quieran y puedan verlos. Todos acaban colgados en paredes de salones, en museos lujosos, donde se les admira casi siempre sin entender su verdadera razón de existir. Partial Truth me dice el mensaje de Bruce Nauman desde su dibujo que cuelga en la pared adecuadamente enmarcado, apenas dos palabras que me ilusionaron hace ya muchos años, que me hicieron pensar, que me justificaron algunos textos. Siempre fue una de esas “obras de arte” favoritas, siempre cerca, a la vista por si la necesitaba, ahora me doy cuenta que estaba en la pared adecuada, con una planta verde al lado, ¡quedaba tan bonito el salón! Encima de un sillón está una foto enigmática del mejor Miguel Rio Branco, efectivamente hace juego con el sillón y contrasta con la lámpara que cuelga al lado… Una vez vistos, una vez asimilados por nuestra razón y nuestros sentimientos, estas obras y cualquier otra no se alejan tanto de un bodegón, de una marina, de un jarrón de flores. Se convierten en decoración.  Efectivamente, Marcel, el arte es importante por la atención que puede conseguir, por la intención y la actitud del artista. Una vez visto, poseído por nuestras pasiones y por nuestra mente, se convierte en la vaina que guardaba la semilla. Todo lo demás es negocio, mercado, interiorismo, decoración.