La influencia que tuvieron los pintores impresionistas llega mucho más allá de las fronteras francesas y europeas; precisamente queriendo resaltar este hecho, el Museo Thyssen-Bornemisza presenta la primera exposición en España dedicada a la expansión de este movimiento en Norteamérica. En 1886 el marchante Durand-Ruel organiza una exposición en Nueva York que supondrá la incorporación de algunos elementos estilísticos como los colores brillantes, la nueva pincelada o los temas modernos propios del movimiento francés. Esta exposición en el museo madrileño está comisariada por Katherine Bourguignon,
conservadora de la Terra Foundation for American Art; la muestra investiga cómo los pintores norteamericanos descubrieron el impresionismo durante las décadas de 1880 y 1890 y lo fueron asimilando en su propio trabajo a partir de 1900. Casi ochenta pinturas para estudiar los paralelismos entre unos y otros, y la huella que los franceses dejaron en la pintura americana. Algunos conocieron el impresionismo en Nueva York pero otros trabajan en Francia y comenzaron a experimentar con nuevas fórmulas, como las sesiones al aire libre, los cambios en las luces y sombras o el punto de vista alto. Uno de estos fue Theodore Robinson, uno de los pocos privilegiados que pudo acompañar a Monet en sus pinturas en exterior en Giverny, aunque no es el único que se dejó empapar por el impresionismo y se lo llevó de vuelta a su regreso a América. El Museo Thyssen presenta en esta muestra una mirada sobre este fenómeno tan particular como es el estilo francés al otro lado del charco. Una exposición para ampliar la influencia del impresionismo más allá de los pintores clásicos del movimiento. (Impresionismo americano, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Del 4 de noviembre de 2014 al 1 de febrero de 2015).

Imagen: John Henry Twachtman. El puente blanco, finales de 1890.