Otra vez una mujer es galardonada con el Premio Velázquez, el más importante de todos los que se dan a las artes visuales en el contexto latino. Concedido por el Ministerio de Educación y Cultura del Gobierno de España, está dotado con 100.000 euros y reconoce el conjunto del trabajo de un artista en el mundo iberoamericano por su destacada contribución al arte. Marta Minujín (Buenos Aires, 1943) es una de las más destacadas artistas conceptuales, performer, latina y su trayectoria se inicia cuando ella apenas tiene 16 años. Desde entonces hasta ahora su personalidad se ha formado y cargado de experiencia, pero quienes la conocemos podemos afirmar que sigue siendo la misma joven rebelde y crítica con casi todo y que le gusta seguir viviendo sin pasar desapercibida. Radical y transgresora, tanto en sus intervenciones artísticas como en su propia vida, falsificó sus papeles y se casó siendo aún menor de edad para poder aceptar una beca para ir a París y salir de su país, eso sucede en 1959, fecha en que realiza su primera exposición en Buenos Aires. Está en Paris hasta 1962 y un año después volvería nuevamente a la capital francesa donde realizaría su primer happening  (La Destrucción, 1963, en la que sus amigos artistas destruían todas sus obras anteriores), se vincularía cada vez más al conceptual y a las nuevas tendencias, como el Nuevo Realismo. Aunque estudió en diversas academias de Bellas Artes, Minujín nunca acabó los estudios, lo que no ha sido nunca un problema para ella.

A su regreso a Buenos Aires conseguiría la Beca Guggenheim y se traslada a Nueva York, ciudad a la que siempre estará muy ligada, a finales de la década de los 60 y se acerca al movimiento hippie. Posteriormente, realizará esculturas y todo tipo de instalaciones públicas, siempre con un claro concepto crítico tanto social como artístico. Su obra se aproxima al mundo del pop, el que de alguna forma siempre estará presente en su trabajo. En los 80 y los 90, sin abandonar nunca el arte de acción, realiza trabajos con Andy Warhol, siendo tal vez la única artista latina que trabajase con el rey del pop. Hasta muy recientemente no se ha revalorizado su trabajo y se le ha considerado como uno de los nombres claves del arte contemporáneo. Actualmente, sigue trabajando en su taller de siempre en Buenos Aires y ha manifestado sentirse “muy feliz” con el premio, que dedicará, según sus propias palabras, “a seguir haciendo cosas locas”. Como de costumbre, una artista coherente con su trayectoria consigue la mayor visibilidad a una edad en la que, seguramente, ya no esperaba algo similar: a los 73 años. Anteriormente, Doris Salcedo y Esther Ferrer han sido las otras dos mujeres ganadoras de este importante premio.