Andrés Isaac Santana

Que suerte la nuestra la de pertenecer a una genealogía de la producción simbólica, en la que rara vez asistimos a las abdicaciones más (in)verosímiles del arte al estado general de anemia que parece regir buena parte del discurso de la cultura contemporánea. Es una suerte, insisto, que el nuevo arte latinoamericano apueste, en medio de una carrera bulímica hacia la conquista de la superficie, por una perspectiva sociológica y de inclinación crítica que somete a discusión y debate algunos de los enunciados del modelo contemporáneo, incluyendo el propio sistema del arte y sus mecanismos de validación y de consagración al uso.

Es justamente este, y no otro, el tema de la nueva serie fotográfica de la joven artista argentina Mariela Apollonio, que actualmente se expone en la galería valenciana Kir Royal. Estamos hablando de un relato fotográfico, tan irónico como audaz, que apunta hacia dos fenómenos fundamentales tributarios de la movilización e ideología internar del campo artístico: “a crítica institucional” y “la institucionalización de la obra de abra de arte”, en tanto que fetiche del consumo. Cuáles son los mecanismos de legitimación y validación y bajo qué instrumentos operan. Quiénes son los responsables de arbitrar el juicio de valor que justifica lo que accede o no al sacrosanto espacio de la Institución-Arte (en este caso, el Museo). Qué o cuáles criterios se ponen en marcha en tal operatorio en tanto ejercicio de consagración/legitimación/prestigio. Qué poder real detenta el crítico, el comisario o la institución museística para determinar el valor de una propuesta y -por tanto- su incorporación inmediata a la historia del arte contemporáneo. Estos son algunos de los interrogantes enunciados en el nuevo trabajo fotográfico de la artista.

Se trata de un conjunto de espléndidas instantáneas en las que observamos un “selecto” grupo de directores de los más importantes museos del mundo dialogando con un pedestal que ha sido ofrecido por la artista, a modo de atrezzo, y con cuyo artefacto, estos personajes, establecen infinitas relaciones que dejan entrever todo un cuerpo de gestualidad y poses de tintes ideológicos que advierten sobre la asunción o no de postura de poder o de sus vacilaciones democráticas.

Evidentemente, se trata de un juego perverso, de rango paródico, acerca de la autoridad (real o ficticia) de este “personaje” dentro del tinglado de la institución arte y de todo su sistema de reacciones persuasivas que apenas permiten subvertir lo establecido en aras de nuevos e ingenuos impulsos emancipatorios y contraculturales. Es aquí donde radica parte de la gracia, lucidez e inteligencia de este proyecto: por un lado entiende -creo yo- que el arte ha de sustentar un comentario de orden crítico dirigido hacia la propia ontología y funcionamiento del campo; de otro, comprende al cabo, la real incapacidad del arte para transformar esas estructuras y dar al traste con su hegemonía, si bien puede intentar rebajar la autoridad de las mismas desde el ámbito discursivo.

Creo, sin duda, que esta operatoria está en la base ideológica de mucho de los proyectos ideo-estéticos de los jóvenes artistas latinoamericanos para quienes la realidad no es sino un texto cultural travesado por infinitas paradojas y complejas relaciones de poder que alternan con la mascarada. De un lado desautorizan ciertas estructuras hegemónicas intentando subvertir, en la medida de lo posible, su eficacia discursiva; mientras que en otro sentido son absolutamente conscientes de cuáles son las herramientas y el alcance del arte para operar -desde él mismo- una real transformación de esas estructuras.

De cualquier modo, entre unos y otros, entre poses más inquietantes y otras más esperadas (sospechadas tal vez), se traza un relato sobre la autoridad del canon, las funciones legitimadoras y los mecanismos -siempre azarosos- de consagración, que, al cabo, establecen las diferencias entre los hombres y los dioses.

Imagen: Mariela Apollonio. Miguel Zugaza. Director del Museo Nacional del Prado, Madrid, detalle, 2002. Cortesía de la artista y Kir Royal Gallery, Valencia.