“Una buena toma se reconoce porque en una exposición no se pasa de largo delante de ella, porque uno se ve atraído por una página en una revista o se olvida de seguir ojeando en un libro (…)”. Esta es la manera de reconocer una buena fotografía según la fotógrafa alemana Marianne Breslauer, que a pesar de la corta trayectoria profesional (apenas 11 años, entre 1927 y 1938) su obra ha sido un gran ejemplo de la llamada Nueva Fotografía y que está presente en importantes colecciones. Abandonó la fotografía con la llegada del nazismo, momento en el que tuvo que exiliarse y refugiarse en Suiza, ya que era judía. Sólo capturó alrededor de medio millar de instantáneas, algunas de las cuales fueron tomadas en España, durante el viaje que realizó en 1933, acompañada de la periodista Annemarie Schwarzenbach, por Girona, Barcelona, Sant Cugat, el monasterio de Montserrat, Puigcerdà, Andorra, Huesca, Pamplona, San Sebastián y Loyola. Las instantáneas de un viaje, a bordo de un Mercedes Mannheim blanco, que ahora recupera y muestra el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), junto a otras obras. Esta exposición, que reúne un total de 127 fotografías en su mayoría inéditas, supone la primera exposición individual en España dedicada a Marianne Breslauer y podrá verse hasta el 29 de enero bajo el comisariado de Mercedes Valdivieso.

Breslauer pertenece a la generación de mujeres que durante el periodo de entreguerras tomaron la fotografía como su profesión, al igual que hicieron Lotte Jacobi, Germaine Krull, Grete Stern o Ilse Bing, entre otras. Como buena discípula de la Nueva Fotografía, sus instantáneas se caracterizaban por el antipictorialismo, por los planos picados en los retratos a compañeros y amigos y por el juego de luces y sombras. Una de las fotografías más reconocidas de la alemana es el autorretrato que se hizo desnuda en 1933, en un alarde de tratar la vida cotidiana y los momentos efímeros.

(Marianne Breslauer. Fotografías 1927-1938, en el MNAC de Cataluña. Del 27 de octubre al 29 de enero de 2017)