Desplazarse, cambiar de sitio. Sacar a alguien o algo del lugar en el que está. Pensamos en el objeto desplazado hacia otros significados propuestos por el nuevo emplazamiento, y las posibilidades de cambio de dimensión y de sentido, tanto para lo que transita como para el lugar, se hacen infinitas. Esto puede convertirse en un seductor juego mental, y casi es así como lo concibe Maider López a lo largo de su trayectoria artística. Esta idea se convierte en el eje central de la muestra que el Koldo Mitxelena Kulturunea de San Sebastián, en coproducción con el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO), mostrará hasta febrero de 2016, recogiendo una selección de obras de la artista vasca realizadas en los diez últimos años.

Según este concepto de idas y venidas, la artista se cuestiona las diferentes realidades que vivimos y habitamos. Tokialdatu (2015), intervención específica para el Koldo, es un duplicado de los muros de la sala que la aloja. Maider desplaza el espacio y lo modifica a su gusto, en lo que supone una ruptura con su aspecto y su uso cotidiano. Es un juego más que óptico, ya que no sólo trata de generar nuevas perspectivas, sino también nacen de él nuevos recorridos, e incluso, nuevas relaciones humanas. Esto es algo frecuente en trabajos como 366 sillas (2007). En este caso interviene el espacio exterior, lo urbano, al disponer una serie de sillas vacías en varias plazas de Madrid. Las coloca en el espacio a modo de escenografía cambiante, ofreciéndolas para que el que pasea haga uso de ellas. Hay en esta disposición algo de preparativo coreográfico, ya que su lugar será determinante en los movimientos y recorridos de aquellos que ocupen el nuevo rostro de la plaza intervenida. Se trata, pues, de repensar los espacios y nutrirnos de la renovada realidad que ocurre en ellos.

Mimetizar es otro recurso habitual en trabajos como Crossing (2006). Se trata de una serie de fotografías en las que el ágil y atento ojo de la artista acciona la cámara, en el preciso momento en que un caminante pasa por delante de un edificio. Arquitectura y persona, vestidos con los mismos colores. El viandante se camufla con el edificio el tiempo justo que tarda en cruzar la carretera. Después la magia se desvanecerá en lo común.

Y es que la artista juega al des-contexto continuamente, como en Ataskoa (2005), instando a un atasco digno de una gran urbe, donde generalmente no se da esta situación, es decir, en medio de unas hermosas montañas. Su objetivo es provocar en el que mira o vive sus intervenciones una sensación de extrañeza, que le haga cuestionarse aquello que establecemos como norma inamovible. Espacios en transformación, transformación del pensamiento.

La muestra se completa con la documentación del proceso de creación de su proyecto Iturriak / Fuentes (2016), una instalación que tendrá lugar en los jardines de Ondarreta y que se podrá ver a lo largo del año dentro de la programación de San Sebastián 2016 Capital Europea de la Cultura.

(Maider López. Tokialdatu / Desplazamiento, Koldo Mitxelena Kulturunea, San Sebastián, del 29 de octubre de 2015 hasta el 6 de febrero de 2016).

Maider López. Atascoa, 2005.

Maider López. Atascoa, 2005.

 

Maider López. 366 sillas, 2007.

Maider López. 366 sillas, 2007.