Desde el 9 de abril hasta el 24 de agosto podrá verse en las salas de Artium una muestra de obras recientes de Luis Gordillo seleccionadas por el propio
artista. Bajo el título Luis Gordillo XXL/XXI, la exposición
pretende trasladar la imagen caleidoscópica del taller del pintor al
espacio de exposición, y evitar cualquier forma de mediación que pueda
alejar su trabajo de la experiencia estética y de la realidad creativa en
la que es generado. El conjunto es representativo de sus últimas líneas de
investigación, series y grandes formatos, y evidencia en el resultado el
proceso de producción. La idea se gestó precisamente durante una visita al
estudio del artista, un lugar lleno de energía que se presenta como un
cúmulo de imágenes en constante evolución que espera ansioso encontrar el
equilibrio. Un lugar parecido quiere Gordillo que sea esta
exposición.
En total, se reúnen 26 obras que matizan y revisan las
grandes temáticas características de la fecunda carrera del pintor, pero
que, sobre todo, permiten ver las distintas maneras en las que el artista
aborda su trabajo. Según sus propias palabras, cuando lo hace en
“vertical”, se enfrenta al lienzo en blanco en un cara a cara en el que
está solo con su interioridad; cuando lo hace en “horizontal”, la pintura
va desencadenándose de una imagen en otra en una sucesión que podría no
terminar nunca. Estas dos formas de hacer establecen una dualidad entre lo
impulsivo y lo que trata de gestionar el impulso que es una constante en
la obra de Gordillo y que se refleja en su lenguaje pictórico, en lo
visceral, en lo neurótico, en lo erótico, en lo normativo.
El título
de la exposición es importante: XXL y XXI son etiquetas que hablan del
enorme tamaño de sus cuadros y del tiempo al que pertenecen, del que son
parte. Pero también son importantes los títulos de cada una de las piezas
que se presentan. El pintor los considera un instrumento crucial en la
construcción de la percepción de sus lienzos: muchos remiten a Darwin, al
concepto de evolución, de germen, de repetición, de evolución, y nos
devuelven de nuevo al taller del pintor del que partimos, a ese lugar
lleno de energía en proceso en el que continuamente están forjándose las
imágenes.

Imagen: Luis Gordillo. No te miro no te
veo
, 2010.