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La figura de Francesca Woodman sigue despertando un enorme interés. Tras su suicidio a los 22 años, Woodman se convirtió en una fotógrafa venerada. A pesar de su juventud dejó tras de sí una enorme producción fotográfica que destaca por los retratos y autoretratos de mujeres desnudas, tanto física como psicológicamente. Esta es la fuerza de su imagen: una joven expuesta emocionalmente en alguna habitación decadente, al igual que su vida, con perspectivas angustiosas e incluso clautrofóbicas. El director Scott Willis investigó no sólo su obra sino también a sus padres, , George e Betty Woodman, de origen italiano y también artistas, hasta completar el perfil de una artista irrepetible.