El MoMA de Nueva York ha validado los videojuegos como arte contemporáneo al incluirlos en su colección tras efectuar una importante adquisición de títulos de juegos míticos, y de varias fechas, como PACMAN (en España más conocido como el clásico “Comecocos”), Dwarf Fortress, Simcity o Katamari Damacy. Inmediatamente la polémica ha surgido entre críticos y filósofos ya que el MoMA ha decidido considerar “arte” a estos juegos por sí mismos y no por sus diseños o por la aportacion de aquellos que realizan sus gráficos y sus puestas en escena. En comparación con obras que se encuentran en el museo como las pinturas Ma Jolie de Picasso o La noche estrellada de Van Gogh, los videojuegos no son piezas surgidas por el deseo individual de un artista de plasmar su visión del mundo y tampoco permiten, en su interacción con el jugador, que éste perciba o vuelque en ellos sus sentimientos o sus posibles reacciones ante su contemplación o intervención al jugar. Por estas y otras circunstancias la actuación del MoMA ha supuesto un desafío y un problema teórico y casi filosófico para muchos, pero el museo ha manifestado su intención de ratificar y defender nuevas formas de arte y ha afirmado que seguirá comprando videojuegos (por ejemplo Mario Bros) para exponerlos junto a sus otras piezas de la colección sin distinciones ni jerarquías.

Imagen: Vista del videojuego PACMAN, años 80.