OPINIÓN

En un reciente artículo publicado en EL PAÍS ( 18 de este mes de mayo) José María Parreño apuntaba la situación de los museos en España, un buen repaso aunque con lagunas, algo natural dada la situación de debacle actual. Aunque Parreño, hoy alejado de la dirección de ningún museo, sea secretario de ADACE (la asociación que engloba a 35 museos españoles). Curiosa situación la de una asociación profesional que tenga que seguir incluyendo entre sus socios a personas que ya no ejercen esa profesión, vamos que es como ser miembro de una asociación de moteros, sin tener moto. Pero estas cosas pasan en este país con toda naturalidad, y ya nos hemos acostumbrado a todo preocupados como estamos sólo con sobrevivir. Dice Parreño una gran verdad (entre otras muchas verdades y comentarios brillantes) “la cultura es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos”.


Efectivamente, pero el problema es que siempre está la cultura, su gestión, en manos de políticos. Y como una suerte de contagio algunos de los directores de los museos se transforman en políticos, algo de lo que seguramente Parreño sabe mucho más que yo por tenerlos más cerca, incluso por haber formado coyunturalmente parte de ese selecto club de campo. No sabemos lo que opinará el representante de la Iglesia de Alcalá de Henares sobre este tipo de travestismo, pero ya adelanto que la mejor solución para que personajes de la cultura no se conviertan en políticos es contratar directamente a políticos, así por lo menos evitamos un daño moral, si bien el mal principal queda como estaba: la cultura en manos de políticos. Es el caso, por ejemplo del IVAM en Valencia, porque si Consuelo Ciscar no es política ya no sabemos lo que puede ser. Es la opción que han tomado en el CDAN, desmantelarlo todo por la vía política, o casi por la vía empresarial: se coloca alguien que lo cierre todo, que deshaga el equipo, que despida a casi todos, que traslade a los demás y, zas, ya se ha acabado con un foco de cultura, con un centro de arte de excelente funcionamiento, equipo vigoroso, en fin, no miremos hacia atrás por más tiempo pues acabaremos tropezando en nuestra propia tumba.


Pero hay tantos ejemplos, sin salir de Aragón podríamos hablar del Museo Pablo Serrano rebautizado de forma imposible en un montón de sílabas que precede a la esencia: Pablo Serrano, él y su legado y el legado de su mujer, Juana Francés, entre otros. Existía un museo, pequeño, en el centro de Zaragoza que funcionaba más o menos, con una dirección casi invisible, en un edificio histórico que hoy se oculta en la base de una especie de Corte Inglés de mal gusto. No es que esté en manos de políticos, es que no está en manos de nadie, ni los políticos parecen interesados. Eso sí, se han gastado todos los millones posibles en un adefesio de edificio que por fuera es un insulto y por dentro, aun con buenos espacios, un museo imposible para la realidad aragonesa. Se inauguró con la pompa habitual, aunque ya se veían las goteras económicas y de equipo. Hoy, muchos meses (casi un año) después y sin que haya habido ni programación, reabren con una exposición de la que su avezado equipo de comunicación envían, eso sí en pdf, la tarjeta de invitación en la que pone el título de la exposición en el que conviven tres nombres: Frank Stella, Santiago Calatrava y Rem Koolhas… Nada más. Debe haber algún político detrás, seguro. Con menos hubiera funcionado el CDAN y por lo menos tendrían un ejemplo digno para hablar de patrimonio y de cultura. Pero eso no lo entienden los políticos, y por eso nosotros no entendemos a los políticos.


Imagen: Vista exterior del IAACC Pablo Serrano. Foto: José Bonilla.