OPINIÓN

Las noticias de los diarios nos abren una ventana (a veces puertas y ventanas) a otra realidad que, por lo general está en la misma dimensión que la realidad en la que vivimos pero que nos resulta intangible, invisible e incomprensible. Esta semana un titular se me ha quedado grabado por encima de vergüenzas políticas, corrupción, desastres naturales y esos otros desastres humanos que llenan los periódicos, porque las noticias que me llaman la atención como claves para entender esta vida e incluso otras vidas posibles no están en las portadas. “Los monos que más chillan son los que menos esperma producen”. Ese es el titular, y es inevitable leerlo como un código que nos lleva mucho más lejos del escenario de la selva o del laboratorio. En primer lugar, no deja de sorprenderme que haya cientos de sabios, que han estudiado durante años en las mejores universidades del mundo, que estén inmersos en el estudio de la cantidad de esperma de los monos y su relación con otros aspectos… a no ser que se trate de una investigación que tenga un objetivo oculto, más allá de lo que cabe en ese titular. No sé si habrá otro equipo estudiando cosas como saber, realmente, si se madruga mucho amanece más temprano. O si, por el contrario, un pájaro en mano tiene más valor que ciento volando, o al contrario. El caso es que esto de que los monos que más chillan producen menos esperma era algo que todos nos imaginábamos. Es como aquello de dime de qué presumes y te diré de lo que careces, trasladado al comportamiento humano equivale a decir que las apariencias engañan, que esos supermachos de las películas suelen ser gays fuera de la pantalla, y que efectivamente no por mucho madrugar amanece más temprano. No sólo hay que chillar, hay que tener razones, y sobre todo, queridos monos, hay que producir más esperma. También entre ciertas comunidades de hombres parece que el esperma producido es insuficiente, sin que por ello nadie se alarme, y es que habría que decirles lo que a la mujer del César (o lo que nos han dicho siempre a todas): que no sólo hay que ser decente sino sobre todo parecerlo. Pero el tema del esperma de los monos es aplicable a casi todo en el mundo de la cultura también. Así, si lo trasladamos a la política cultural, hay que reconocer que muchos ministros, directores generales y políticos en general, aunque chillen mucho y sobre todo estos días en los que medio mundo está en campañas y precampañas electorales, producen realmente pocas ideas, ninguna solución y mínima esperanza. Muy poco esperma. Porque si en el mundo de las artes en España un político piensa que con bajar el IVA cultural (que ya veremos) se soluciona todo, está muy equivocado y nos demuestra que una vez más no tienen ni idea de nada de lo que debiera saber. Igualmente este tema nos recuerda que todos esos artistas que repiten declaraciones catastrofistas, triunfalistas, esperpénticas, en un nivel demasiado alto, vamos que chillan mucho y muy alto, por lo general producen poco esperma, mucho ruido y pocas nueces que diría Shakespeare. Por ejemplo Carles Pazos, que a estas alturas, con su premio nacional ya gastado, desde la tribuna del Museo Reina Sofía chilla insultando a todo el mundo menos a él mismo, que sólamente se flagela existencialistamente. Qué antiguo y qué fuera de lugar, pero qué divertido, como los monos. La verdad es que este mundo es fabuloso.