La forma de fotografiar cambió radicalmente cuando la cámara Leica apareció. Más ligera, portable, compacta y de 35mm. Un éxito creado por Barnack y Leitz en los años veinte que democratizó la fotografía e incluso, logró que se convirtiera en un hobby. Leica es algo más que una cámara: creó una nueva estética, una forma distinta de retratar el mundo, en el que por cierto, se produjeron revoluciones, dos guerras mundiales, un muro entre dos sistemas y una eterna lista de hechos que conformaron el siglo XX y XXI.

Leica creó una memoria colectiva de la mano de Cartier-Bresson, con la espontaneidad y el humor de sus fotografías mientras Robert Capa se metió en las trincheras de la guerra y Ed Clarck captaba las lágrimas de Estados Unidos tras la muerte de Rooseevelt. Las Madres Emigrantes, retratos de la resignación y la tristeza ante la cámara de Dorothea Lange. Inolvidables como las imágenes capatadas por Nick Út en la guerra de Vietnam y los horrores del uso del napalm, y como ellos un larguísimo etcétera de fotógrafos que convirtieron en iconos a los personajes y momentos que pasaron por delante de su objetivo.

No es de extrañar que en lo que queda de año 2015 y durante el próximo, galerías y museos dediquen muestras a esta cámara única. Una de ellas es la galería OstLicht que analiza el desarrollo e implantación de esta nueva forma de fotografiar en EYES WIDE OPEN!, dividida en dos bloques. La primera parte dedicada a los clásicos y la segunda a los contemporáneos influidos por los grandes la fotografía entre los que se encuentran los ya nombrados Capa, Cartier-Bresson junto a Alexander Rodtschenko, Ilse Bing, Christer Strömholm, Bruce Davidson, Inge Morath, William Eggleston, René Burri, Susan Meiselas, Thomas Hoepker, Bruce Gilden, etc.

(EYES WIDE OPEN!, Galería OstLicht, Viena. Del 10 de diciembre de 2015 hasta el 13 de febrero de 2016)