OPINIÓN

Parece ser que en esta marabunta (los que no conozcan el significado de esta palabra deberían no sólo avergonzarse por su ignorancia lingüística sino cinematográfica) en la que vivimos, bajo el lema, de “rápido, rápido”, hay cosas que ya no importan. Y digo yo que no importan porque la repercusión pública, social, las manifestaciones al respecto, son escasas o nulas. Además en período pre estival o post estival todo importa menos, por eso es el momento en el que los gobiernos decretan leyes imposibles, los corruptos se van de vacaciones a Baqueira Beret o al trópico… no al de Cáncer, por cierto. Porque la ignorancia parece ser lo único que no conoce del cambio de las estaciones. Este verano el Estado Islámico, esa amenaza que parece tan lejana, ha degollado en la plaza pública a un arqueólogo, al arqueólogo de la ciudad de Palmira, Patrimonio de la Humanidad y todo eso. Khaled Assed tenía 82 años y no sabemos cuál ha sido el terrible delito que le ha llevado a una muerte pública, por supuesto sin juicio. De reconocido prestigio internacional, Assed fue colaborador de todos los raids internacionales y guardián impenitente de la ciudad de Palmira. Es curioso la gran preocupación que todos tenemos por unas columnas (que por cierto, como en su día me dijo el gran arquitecto italiano Aldo Rossi, “no tienen ideología”) y la poca empatía que nos produce la muerte (degollado con un cuchillo en la plaza pública) de un anciano que dedicó su vida a la historia, a su ciudad, a la belleza.

No le ha importado a nadie, al menos no lo suficiente como para contestar; una carta abierta del Museo Nacional Reina Sofía, no sé de qué departamento pero supongo que de la dirección o al menos con su conocimiento, salvándonos una vez más, diciéndonos lo que hay y lo que no hay que hacer que decir que pensar… a nadie le importa, total que más da.

Tampoco importa que se hayan robado en el Museo de Bellas Artes de Valencia unas minucias de monedas, esculturas y medallas, 45 en total. Estaban mal vigiladas y más que de robo deberíamos hablar de descuido, y es que el español es tan rico en sus palabras y tan pobre en sus personas: robar por descuido es lo que hacen los descuideros y no es robo legalmente sino hurto, delito menor. Y es que no le importaban a nadie, ni a los que deberían haberlas protegido y cuidado, total, ¿a quién le importan unas monedas viejas cuando no le importan a nadie las personas que no pueden comer, las que no tienen casa, si a nadie le importa que nos roben las monedas, muchas, de uso legal, que nos hurtan los descuideros de la política? Todo esto no importa, pero si Ai Weiwei no consigue el visado de seis meses para Inglaterra todos los periódicos del mundo lo cuentan en portada. Este mundo no lo entiende nadie y al final, como tampoco le importamos a nadie parece absurdo protestar, llamar la atención ante la pérdida de un lenguaje maravilloso, de una historia que se olvidará y que se llevará en su olvido la idea de quiénes somos y de qué significamos. Nada importa ya, mejor no mirar, refugiarse en las palabras viejas, en el arte olvidado, en los amigos de toda la vida y en los amores nuevos…. O tal vez no. Tal vez sea mejor regalar diccionarios a todos los jóvenes que no saben que es marabunta o descuidero, El hombre sin atributos (de Musil) a todos los que consideran una pérdida menor la muerte de un arqueólogo de 82 años, y para todos los que aún creemos que la vida ha merecido la pena a pesar de todo y que amar sigue siendo la palabra más bella, lo mejor es un libro de Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso, porque en el amor, como en la vida, todo son fragmentos.