OPINIÓN

Cada año, en el inicio, en esos días convulsos y medio borrosos que definen el final de las fiestas navideñas, el mundo se llena de buenas intenciones. No sólo deseamos paz, amor y un año escandalosamente bueno, sino que abrazamos y besamos a discreción, llamamos a gente que ni se acuerda de nosotros. Pero realmente estamos dispuestos a partirle la cara a más de uno, lo del amor lo vamos a dosificar estrictamente y sabemos que por desgracia este año no va a ser mucho mejor, y gracias, que el que se acaba de ir. Igualmente sabemos que no vamos a ir al gimnasio ni a dejar de fumar ni a perfeccionar nuestros conocimientos de inglés, francés o alemán, según los casos. Tampoco nos vamos a privar de un premio (una copa, una comida no demasiado aconsejable, incluso fumar), para lo dura que es la vida, no todo va a ser sufrir. No, la vida nos arrastra y nos obliga a elegir, a decidir sobre la marcha que es lo más importante, lo más necesario. Lo más apetecible. De algo hay que prescindir, el tiempo no da para todo. Cada vez se hace más importante saber valorar nuestro tiempo y nuestras energías.
Hay que empezar a pensar si el arte es útil, si la cultura es necesaria y si la inteligencia es imprescindible. Porque todo esto va junto. Podemos no ir al gimnasio y dormir más horas o dejar de fumar, pero no podemos dejar a un lado solamente la cultura, porque el arte y la inteligencia van junta y eliminaríamos a las tres de un sólo y efectivo golpe final. Hay mucha gente que pensará que esto no es un problema, que de hecho ya han olvidado que existe el arte más allá de una decoración aceptable, o que la cultura es algo similar al ocio, y que la inteligencia solamente produce infelicidad. Entre ellos muchos de nuestros políticos, especialmente los encargados de la educación y la cultura que han decidido que unos ciudadanos tontos, analfabetos y con mal gusto son mucho mejores para sus propósitos que un pueblo culto, educado, inteligente y sofisticado. Para ellos no sólo el arte actual es prescindible, la música en inútil, y la literatura, más allá de Ken Follet, no tiene ningún sentido. No les cuentes eso de que el arte, la cultura es también una gran máquina de generar trabajo, bienestar económico y social. Eso no les interesa. Y no vamos a mencionar la investigación y el desarrollo, eso que se llama I+D para que los tontos no sepan de que se habla.
Empieza el año 14, con nombre de guerra mundial, y el presidente director del Louvre (Jean-Luc Martínez) afirma en una entrevista que “ha llegado la hora de pensar más en el público”. ¿Más? ¿Pensar? ¿Público? Sin duda se refiere a todos los miles de personas que visitan, algunos varias veces al año e incluso pagando, los museos. Se refiere a esas cifras que a final de año se esgrimen como dedo justiciero para recuperar el presupuesto perdido, el respeto en duda, la consideración mermada. Hay quien confunde público con taquilla. Pero la diferencia es bien clara: los números de taquilla son números, el público son personas, con intereses, con necesidades. El público somos nosotros, la taquilla son ellos. El público visita las exposiciones, los cines, escucha música, lee libros, todos los días del año, la taquilla es un balance puntual. El público es culto e inteligente, imprescindible. La taquilla se podría eliminar, podrían dejar de cuantificarnos y empezar a cualificarnos, a valorarnos. Podrían empezar a pensar en nosotros. Sin duda nosotros, el público, lo agradeceríamos. Y ellos, nosotros, todos, nos beneficiaríamos.
Empieza un año y acaba otro en el que se suceden buenas intenciones y balances de cifras de asistencia. Unos hablan y cuentan y recuentan y se les publica sus datos. Otros callan y siguen trabajando en silencio. Hay museos importantes, con grandes presupuestos que reciben en toda una exposición solamente 10.000 visitantes. Y hay otros centros, olvidados por esos que deben pensar más en el público, que no bajan de 50.000 visitas en cada muestra. De estos no se habla tanto, a veces no tienen ni director, ni programa, ni equipo curatorial…. En definitiva nos hemos enterado que el Reina Sofía ha sido el museo más visitado en España… gracias a Dalí. Y que curiosamente el MACBA ha bajado su taquilla, y eso que Dalí siendo catalán debería haber ayudado más a este museo… podrían echar mano de Picasso, o de Tàpies, o de alguna colectiva sobre el Barça. Lo importante parece ser la taquilla. Cuando lo importante sea el público, el arte, la cultura, la inteligencia, las taquillas subirán, los índices de venta y lectura subirán, los presupuestos subirán. Porque una buena educación, un bien alimentado I+D genera ciudadanos, porque la inteligencia nunca sobra, porque el arte es necesario y la cultura imprescindible, por todo eso hay que pensar más en el público, hay que cuidar más la educación y apoyar la cultura. Y el año 2015 volvemos a hacer balance. Feliz año 14 en pie de guerra mundial.