OPINIÓN

Son muchos los problemas y las soluciones. Pero no parece que nadie se fije en lo más importante. Para que el arte que se hace en España sea realmente fuerte e importante no hay que fijarse en las estructuras comerciales o expositivas, no solamente, hay que centrarse en la formación. En la enseñanza y en la educación visual, tanto del artista como del espectador, del galerista, de todos. De los ciudadanos, del público, de todos.


Continuamente abren galerías con mejor o peor fortuna, con más o menos profesionalidad, en mejores ubicaciones o en ubicaciones pésimas. Pero la estructura es la misma: una intermediación entre el artista y el comprador. Se trata de una estructura comercial clásica y tradicional. Vemos cada día que aparece una nueva feria, una nueva mini feria, con formatos más o menos diferentes (en hoteles, en recintos feriales, en todo tipo de lugares), pero aunque cambien las apariencias se siguen repitiendo los mismos esquemas, ya se celebren en Madrid, en Cáceres o en Miami. Aunque sean virtuales. Todo se reduce a una estructura de mercado.


Con mayor o menor frecuencia van surgiendo revistas digitales, incluso aún algunas en papel. Cada una procura ser mejor, diferente, imparcial o parcial, objetiva o subjetiva, más o menos profesional, más o menos atractiva… pero todas responden a la misma estructura informativa: crítica, noticias, al margen de la oportunidad, selección de temas y tratamiento, lo que hacen es difusión y comunicación de lo que está sucediendo. Al margen de transformaciones de formatos, tienen una tipología similar y reconocible: son revistas especializadas.


También proliferan los centros de exposiciones marginales o alternativos. Es decir, aquellos que con mínimos recursos intentan mostrar, exponer, reunir a una serie de artistas y obras que posiblemente no encuentran otros cauces. Sin duda son planteamientos alternativos necesarios dada la excesiva oferta de artistas y la escasa visibilidad a la que tienen opción. Pero sus estructuras vienen a ser las mismas que las de otros centros expositivos públicos o privados, sólo que con menos medios y aun menos visibilidad, aunque tal vez mejores intenciones.


Los masters, los cursos, los talleres son tan abundantes como en su mayoría, inalcanzables. Con precios excesivos casi siempre suponen una vez más el establecimiento de unas jerarquías que seleccionan y eliminan a sus públicos, prolongando ese limbo que existe entre el fin de los estudios y la puesta en marcha de una vida profesional. Es decir, son unas estructuras similares en lo elitista y específico, en lo económico y en las fórmulas educativas de lo que ya conocemos y siempre ha sido.


Nada nuevo bajo este sol que cada vez calienta menos. Naturalmente todo este crecimiento lateral sucede entre quejas y reclamaciones, más que justas y obligadas, a unas administraciones que miran siempre para otro lado cuando se habla del dinero de la cultura.


Sin embargo echamos de menos un elemento en el que prácticamente nadie hace hincapié: la enseñanza del arte en la escuela y en el instituto, antes de llegar a la Universidad. Los niños, los jóvenes, pasan por la enseñanza básica y por toda la obligatoria sin saber nada de arte, sin ver un cuadro posterior a Picasso (incluso posiblemente sin ver ningún cuadro), sin saber nada del arte contemporáneo, sin saber ni ver nada de nada sobre el mundo de las artes visuales. ¿Cómo se van a interesar por algo que no conocen y que posiblemente ya nunca descubran?


Esto es lo más importante. Sin educación no hay cultura, sin formación nunca tendremos un arte realmente vivo y fuerte. Este es el gran problema del arte actual: no se genera público. Cada vez hay menos lectores de arte, menos visitas a los museos, casi ninguna a las galerías, los coleccionistas se forman ellos solos y ya de mayores, es decir tarde y mal. Qué se puede esperar de una sociedad que no considera la historia del arte como una enseñanza obligatoria. Lo que tenemos hoy: profesionales mal formados, que mejoran por sus propios esfuerzos a la edad tardía. Y en esa edad tardía nos encontramos con los que han sobrevivido a la incultura artística, todos heridos, marcados, refugiados sin patria intentando recuperar todo lo que no se ha visto, se ha leído, se ha disfrutado a lo largo de tantos años. En busca de un tiempo ya perdido para siempre.

Imagen: Detalle de una foto de Tim Rollins y los Kids of Survival posando delante de la pieza realizada en colaboración Tim Rollins + KOS. Second Study for Amerika VII, 1987.