OPINIÓN

Una de las cosas esenciales en la vida es saber distinguir entre lo importante y lo que no lo es. Distinguir entre el calor y el frío, entre lo blanco y lo negro, entre el amor y el odio, entre la mañana y la noche. Distinguir lo importante, aquello que de verdad nos afecta de esas otras cosas accesorias que, incluso a veces, pueden parecernos importantes pero que en un instante podemos ver que claramente no lo son. Si realmente supiéramos hacer esta distinción nuestras vidas serían mejores, sufriríamos menos y tal vez, sólo tal vez, podríamos ser más felices. Por ejemplo, saber que el dinero, a pesar de todo, no es lo más importante. Que la vida sí lo es. Pero en este imperio de la post verdad, que, no nos engañemos, es lo más parecido a la mentira, saber qué es lo importante es cada vez más difícil. En primer lugar porque estamos rodeados de redes sociales que igualan un vídeo de un gatito haciendo monerías con el vídeo de una paliza a una mujer o con el baile de una boda en Kazajistán. ¿Cuál de estas tres cosas es importante y cuáles no? Desde luego, no es lo más importante lo que tiene más likes, aunque posiblemente en unos pocos años, después de que la post verdad se haya convertido en otra cosa, sí lo sea.

Los medios de comunicación cada vez tienen una influencia menor en la sociedad, posiblemente por su mal hacer, pero ellos siguen confundiéndonos con esa mezcla de noticias inverosímiles que colocan en una sucesión sin solución de continuidad, las elecciones en USA, un atentado en Turquía con sus muertos correspondientes y la operación de glúteos de una modelo supuestamente famosa. La importancia de un menú para bajar grasas después de las navidades es más importante que los muertos en un disturbio en otro país. Con este tipo de baremos se facilita no solamente el crecimiento de los llamados populismos (que incentivan sin duda con esta perversa forma de comunicar) y el atontamiento general de una población que ya no sabe ni le importan los hechos de la historia reciente de su propio país, donde sus abuelos seguramente mataron o murieron. De eso lo único que realmente importa es que nadie sepa nada y para ello hay miles de gatitos, modelos, fiestas de 15, recetas de cocina, DJs increíbles… La post verdad.

Cuando empecé a leer la prensa norteamericana, hace ya muchos años, me sorprendía que ocupase más espacio en un periódico de tirada millonaria el resultado de un concurso de pesca local que las elecciones en un país de Europa o que la guerra en algún país africano. Después lo entendí perfectamente y por eso, ahora, me sorprende que la gente se asombre del triunfo de Trump. Ha ganado por la post verdad, por la ignorancia y desinformación inculcada a sus votantes durante décadas. Igual que en España se sigue votando a Rajoy y se siguen usando argumentos que los tribunales han declarado falsos para desprestigiar a otros grupos políticos. La post verdad finalmente se resume en no saber distinguir entre lo que es importante y lo que no lo es.

Un ejemplo es la importancia de la Moto GP, algo que hace unos años ni se conocía. Hoy todo el mundo opina sobre sus pilotos, los resultados, las carreras se retransmiten en las televisiones a las horas de mayor audiencia… si a la cultura, al teatro, al arte, a la literatura se le diera ese trato preferencial, en los bares se discutiría del último estreno, de la exposición en el museo de arte contemporáneo, a los niños se les regalarían libros, todo el mundo tendría una opinión propia sobre la Bienal de Venecia, aunque muchos preferirían la de Sao Paulo. Entonces sabríamos distinguir más fácilmente lo importante de lo intranscendente, no existiría ese placebo llamado post verdad. Y Trump, y otros muchos, no estarían en el poder.