OPINIÓN

No hay que confundir lo esencial con lo imprescindible. Ni tampoco lo mínimo. Lo esencial es el núcleo central, la base de partida para llegar a más, para ir más lejos, para fundamentar el conocimiento. Lo esencial es el punto de partida para el todo. No se puede aspirar a ningún crecimiento sin lo esencial, pero lo esencial sólo es el aperitivo de una comida bien organizada.


Si preguntamos qué es lo esencial a diferentes personas tendremos respuestas muy diferentes y en absoluto complementarias. Para Paris Hilton lo esencial seguramente serían las fiestas, la ropa, la moda, el glamour y la frivolidad. Si le preguntamos a un estudiante en el último año de carrera puede decirnos que para él o ella lo esencial es encontrar trabajo: un punto de partida para aprender, perfeccionar, para vivir. ¿Qué respondería José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura? Ya lo ha respondido en una entrevista publicada en El País el 1 de marzo: “¿Qué es lo esencial? La apertura de los museos públicos, las manifestaciones culturales vinculadas al teatro clásico, la proyección internacional de nuestro cine… y además habrá una apuesta política importante por el mecenazgo”.


Es decir, para el hombre que lleva la cultura en España lo esencial viene a ser el pasado, el futuro parece no importar más que en su aspecto económico: abrir la puerta al dinero privado para poder quitar el dinero público. A mí me gustaría saber si son esenciales los miles de funcionarios del sector cultural, incluyendo no sólo los del antiguo ministerio de cultura, sino todos sus paralelos de exteriores, institutos públicos, consejerías de cultura de embajadas, autonomías, academias, etc., que a fecha de hoy lo único que consideran esencial es que no les rebajen sus sueldos, porque ellos no tienen la culpa de la crisis (¿es que los millones de parados tienen la culpa de la crisis?). Hay directores de instituciones en el extranjero que cobran más de 14.000 euros al mes por no sabemos muy bien qué rendimiento laboral, con funcionarios cuyos sueldos mensuales superan los 7.000 euros y su jornada laboral termina a las 14:00 horas todos los días, excepto sábados y festivos, vacaciones y todo lo demás.


En cultura lo fundamental es el conocimiento, el acceso de todos al uso y disfrute de ese bien de todos y para todos. No sólo el teatro clásico, sino también el teatro moderno. Y no sólo el teatro, la música, las artes visuales… No sólo el cine, que por otra parte es inevitablemente, esencialmente, moderno, actual. No es esencial desmontar un museo pequeño deshaciendo el equipo de siete trabajadores, y no tocar plantillas de quinientos en otros museos que tal vez tienen un funcionamiento excesivamente pesado. No es esencial quitar, es esencial sumar. Incluso en tiempos de crisis, incluso en tiempos de ruina, lo que hay que hacer en cultura es crear, imaginar, seguir adelante y nunca, nunca, ir hacia atrás.


El patrimonio histórico cultural de España es esencial, pero es esencial que ese patrimonio crezca y no se quede limitado a un pasado arcaico. El futuro también existe, es igual de abstracto que el pasado y ambos conviven en un lugar inaprensible alimentándose recíprocamente. El futuro es lo esencial, y el patrimonio del futuro estará formado por lo que se crea hoy, por lo que se ha creado ayer, por lo que se creará mañana y pasado mañana. Eso es lo esencial: facilitar que se siga creando, que se siga leyendo, que se siga escribiendo, que se estrene la música y el teatro actual, no sólo el cine, no sólo Torrente, Almodóvar o Banderas. Aunque no salgamos en televisión, aunque tal vez no seamos tan glamourosos (aunque igual sí que lo somos). La cultura española, las personas que formamos la sociedad cultural en España somos lo esencial.



Imagen: Ugo Mulas. Retrato de Lucio Fontana en su estudio, Milán, 1964