VOCES

  • Liliana Porter, To clean up, 2012.
  • Liliana Porter: “Cada espectador es un contexto”

Liliana Porter nació en Argentina (Buenos Aires, 1941), donde realizó sus estudios de Bellas Artes, y entre 1958 y 1961 vivió en la ciudad de México. Allí estudió con el colombiano Guillermo Silva Santamaría y con el artista alemán Mathias Goeritz en la Universidad Iberoamericana y en el Taller de La Ciudadela. También fue en el DF mexicano donde realizaría sus primeras exposiciones. Pero en 1964 viaja a Nueva York y desde entonces vive en esa ciudad. En su periplo vital su obra ha vivido también un largo recorrido, tal vez incluso más complejo y variado que sus viajes por la geografía americana. Desde la obra gráfica al objeto, al dibujo, a la fotografía, al video… al teatro. Su obra tiene una característica que hoy en día es cada vez más difícil de encontrar: es absolutamente personal y diferente, reconocible como suya sin duda en la primera mirada. Diferente. Propia. Singular. Hasta el pasado mes de agosto se ha podido ver su primera muestra antológica en España en el museo ARTIUM de Vitoria, “Diálogos y desobediencias”, comisariada por Estrella de Diego y que ahora inicia una itinerancia por distintos museos de España.

Liliana Porter es una artista que se fija en los detalles, en lo cotidiano, que encuentra en cada pequeña cosa el sentido y el sinsentido de las grandes cosas. En su obra se habla de la dificultad y del esfuerzo, de la incomunicación, de lo imposible, de la soledad, de la propia vida. Y de las relaciones entre las personas y de estas con la realidad y con los imposibles, con las cosas y con sus nombres. Diálogos y desobediencias, finalmente. Liliana Porter es, además, una persona afable, cercana y que ha aceptado hacer con nosotros una de estas breves y concisas entrevistas en las que sólo se habla de lo esencial en apenas unas pocas preguntas.

Rosa Olivares: Siempre se dice que trabajas con elementos y objetos insignificantes, ¿Por qué crees tú que piensan que son insignificantes todas esas figuras de animales, personas, cosas…? Para ti ¿qué es realmente insignificante?

Liliana Porter: Insignificante es algo a lo que aun nadie le concedió significado. No es una categoría objetiva. Es una descripción del sentido que cada uno establece con la cosa. En general, esos figurines de plástico u objetos hechos en producción masiva, son considerados insignificantes porque son decorativos, no tienen un valor alto monetario, no están hechos de materiales preciosos, no son únicos. La relación que yo establezco trata de evadir completamente esos prejuicios al punto que los objetos se des-jerarquizan.

RO: Tus imágenes, ya sean dibujos, fotos o videos, siempre me parecen pequeñas narraciones, a veces cuentos, otras parábolas, otras veces son quejas… todas tienen para mí un aspecto narrativo esencial: todas nos cuentan algo y todas hacen que nuestra mente, nuestra imaginación, trabaje. ¿Es esa una parte esencial de la obra de arte, implicar al espectador y a la vez “enseñarle” algo, como en la antigüedad la pintura religiosa? Una suerte de pedagogía social…

Liliana Porter, Self Portait.

LP: A mí me parece que una obra de arte, si es efectiva, siempre debería generar reflexiones, nuevas ideas, algo mas allá de lo inmediato que plantea. Ahora, no es necesario que existan esas narraciones para generar pensamiento. Las narraciones son simplemente mi manera de trabajar y llegar a un acuerdo con la realidad. Ya sé que pusiste “enseñarle” entre comillas, no obstante quiero decirte que más que enseñar, considero la obra como un ejercicio de la duda.

RO: Cuando te preguntan sobre la relación de tu trabajo con la realidad, esa especie de enfrentar lo real y lo virtual, el objeto y la sombra, siempre recuerdo una respuesta tuya que me gustó especialmente: “la única realidad que existe es nuestra relación con las cosas, nuestra interpretación de todo”, ¿crees que el espectador del arte actual sabe relacionarse con el arte a nivel personal, interpretarlo?

LP: Eso depende del espectador, no tengo dudas que muchos sí saben relacionarse. Algunos porque vienen de disciplinas cuyas especulaciones pueden ser afines, otros por intuición o sensibilidad, y otros no han de entender nada. Cada espectador, como dice Ana Tiscornia, es un contexto, y ese contexto está dentro de otro, que es la realidad, y que es múltiple. Todo se mueve, todo es interpretación, por eso hay tantas lecturas, tantas especulaciones, y seguirán existiendo tantos intentos de respuesta.

RO: El contexto es lo importante, dices habitualmente, pero ¿Cuál es el contexto en el que sitúas a tus personajes?

LP: Mi esfuerzo siempre está puesto en despojar de contexto a mis personajes. Por eso siempre aparecen en un espacio vacío de tiempo y de geografía. Es una manera de sacarle el nombre a las cosas, como bien nos enseñó Magritte. En la medida que no hay contexto, la cuestión se amplifica, deja de tener especificidad para entrar a una dimensión más filosófica, por así decirlo. De ahí mis fondos blancos, o monocromos y vacíos.

RO: En muchas de tus obras la mujer, bien su presencia real o su presencia imaginada, es el personaje central, el tema. Pero nunca se habla de una crítica feminista, de una queja desde el hecho de ser mujer en tú trabajo, ¿existe algo de esto?

LP: Es verdad que la mujer aparece como protagonista, sobretodo en la serie de “trabajos forzados”, pero también aparecen hombres allí. El tema está más relacionado con lo inconmensurable de los desafíos de la existencia misma, que con una crítica feminista en sí, claro que si es mujer el inconmensurable es aún mayor. Otra vez aquí, trato de trascender el contexto, y en ese sentido también el tiempo específico, no porque no me interese el tema puntual, sino porque mi trabajo va por este camino.

RO: En tu trabajo pareces haber optado por “esconderte” detrás de una apariencia de inocencia que te dan los juguetes, los muñecos, ese mundo en miniatura que parece una película infantil, pero que nos cuenta unas historias terribles de soledad, incomprensión, dificultad, aislamiento,.. alejándote de la superactuación intelectual del arte actual, de la prepotencia machista del arte dominante. ¿Es una percepción mía o hay algo de cierto en todo esto?

Liliana Porter, To paint a triangle, the attempt, 2015.

LP: Lo que hago me sale así, naturalmente, sin premeditación alguna ni especulación intelectual previa. Es decir, no me escondo, sino que no sabría hacerlo de otra manera. Esa es la voz que tengo. Ahora, una vez que uno ha trabajado durante tantos años, puede analizar la obra, tomar distancia y descubrir mecanismos, preferencias, reiteraciones, etc. y esa consciencia es útil para las nuevas obras. A mi me parece que si uno logra generar horror (estoy dando un ejemplo) con un objeto familiar, (digamos: un vasito de agua) es mucho mas efectivo que generar horror con un monstruo de ojos enrojecidos y garras puntiagudas (como quien sabe haría uno de esos machistas a los que te refieres). En mi opinión es más siniestro, porque es mas incomprensible, porque no es coherente, porque es oblicuo. Y entonces, si es que se puede decir algo con cosas (cositas) es muy atractivo ese desafío.

RO: De la imagen estática pasaste al video, y eso reactivó tu obra dando una dimensión mayor, ¿tienes previsto algún nuevo salto de estructura formal?

LP: Bueno, últimamente di un salto que no tenía del todo previsto, pero que fue muy gratificante. Resulta que Inés Katzenstein, que fue mi interlocutora en el libro de Conversaciones que publicó la Fundación Cisneros, sobre el final del libro, me preguntó qué me gustaría hacer en el futuro, y yo le contesté que una obra de teatro, como quien dice me gustaría ir a la China. Al año de estar publicado el libro, me encuentro con Inés y me dice, “ya tengo el sponsor para la obra de teatro”, ¿qué obra? digo yo. Para hacerla corta, al año y tres meses estaba estrenando Entreactos: situaciones breves, la primer obra de teatro que hice en el Teatro Sarmiento de Buenos Aires. A esa ya le siguieron dos más en un par de años, El Orden de las cosas: bocetos, en un ciclo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, y Domar al león y otras dudas, en el marco de la segunda Bienal de Performance, en el Parque de la memoria, también en Buenos Aires. Así que me da un poco de vértigo contestarte esa pregunta, pero ¿qué tal un largometraje?