OPINIÓN

Siempre se ha dicho que todo está en los libros, la realidad y la ficción, el pasado y el futuro y aun el presente. En los libros aparcamos nuestra cruda realidad durante unos breves momentos, pero también, y tal vez sobre todo, en los libros encontramos conocimiento y experiencia. Nos enseñan y nos hacen ser mejores. Por esto este breve texto quiere ser un homenaje a aquellos que se dedican a los libros, no a escribir ni a editar, sino a cuidarlos, ordenarlos, estructurar su vida y ofrecérnoslos en cuidadas y esplendorosas bibliotecas.


Esas personas que dirigen y que sobre todo crean o han creado las bibliotecas de los museos y centros de cultura actual en todo el país. Y muy especialmente a Miguel del Valle Inclán que hace apenas unos meses abandonaba la dirección de la biblioteca del Reina Sofía, que el creó y cuidó hasta ese momento. Se fue después de muchos años de dedicarse por completo a la que hoy es sin duda la biblioteca de arte actual mejor dotada del país y que recibe más visitas de estudiantes y profesionales. Se ha ido a la biblioteca de la Filmoteca Nacional, a la que sin duda hay que felicitar por esta valiosa incorporación. Naturalmente Valle Inclán, caballero y hombre de cultura desde hace generaciones, no ha hecho ningún comentario de este cambio en su trabajo, y respetamos su decisión aunque también queremos decirle que le echaremos sin duda de menos, pero que sobre todo le agradecemos su trabajo y su dedicación, su generosidad y su conocimiento. Su ejemplo queda en los más jóvenes bibliotecarios y documentalistas de otros museos que hablan de él con admiración y con cariño, agradeciéndole su apoyo, sus consejos, los datos que compartía con ellos.


Hay que decir que tal vez no resulte evidente la importancia del trabajo de los documentalistas pero su conocimiento y su tesón, muchas veces infravalorado, está detrás de todas las exposiciones, de los congresos, seminarios, catálogos. Y que tal vez es un trabajo que sólo se nota cuando es deficiente, pero que por lo general nadie repara en él pues es tan perfecto que se encarna en todos los demás y sus protagonistas no buscan el reconocimiento ni el aplauso. Gente de cultura, su felicidad está en el propio trabajo que hacen y es por eso por lo que los resultados son los que son. Entre ellos mantienen unas estrechas relaciones de intercambio de datos y encuentros profesionales, hasta el punto de que se han llegado a plantear algún tipo de reunión periódica profesional, algo que sin duda no saldrá en las páginas de ningún periódico y puede parecer que no interese demasiado al sector. Nosotros no sólo les admiramos sino que son uno de esos departamentos con los que más nos gusta tratar. Ya hemos hablado en las páginas de Exit Express con la jefe de documentación y de la biblioteca del ARTIUM, Elena Roseras, otro de los puntales más destacados y mejor valorados entre sus compañeros de profesión, y aunque su trabajo no suele ser tan visible como el de sus compañeros en los museos, nos gusta destacar su esfuerzo y su participación, cada vez más activa, en el discurso artístico del momento como ha sucedido recientemente, una vez más, en el MUSAC de León en el 3 Foro de la Edición, iniciativa en la que junto a su jefa de conservadores, María Inés Rodríguez, ha tenido mucho que ver la responsable de la biblioteca y centro de documentación del museo, Araceli Corbo, que ya trabajó en la creación de la hoy cerrada biblioteca del DA2 de Salamanca.


Destacar hoy el trabajo de Roseras y Corbo es, por una parte, una demostración del trabajo especializado que está más allá de las exposiciones y el ajetreo que se puede ver en los museos de arte contemporáneo y, por otra, justificar el recuerdo y el aprecio por uno de los más destacados hombres de libros de este sector, Miguel del Valle Inclán. Un pequeño homenaje a los que detrás del escenario construyen la cultura artística.

Imagen: Candida Höfer