OPINIÓN

Desde hace unos años, la gestión política de los museos españoles ha querido mostrar una cara democrática y profesional. Y forzada por las asociaciones de críticos, artistas, galeristas y por un clamor de hartazgo en el sector artístico, se impuso un código de buenas prácticas que prácticamente ha supuesto un adorno a un sector repleto de malas prácticas, malas intenciones y actos perversos. El paso del tiempo ha demostrado que este código era no sólo incompleto sino deficiente y, además, inútil. Con el nombramiento de Manuel Borja como director del Reina Sofía se inauguraba una época que parecía anunciar un declive del peso de la política y de los intereses privados en el mundo cultural: espejismo total. Yo fui miembro del jurado que nombró a Manuel Borja y no voy a contar nada de un proceso limpio y bien gestionado en aquel momento por José Jimenez y en el que la presencia de Simón Marchan garantizaba la ética y la cordura. No hace falta que diga nada porque el paso de los años nos ha demostrado que no hay proceso que funcione si el poder, todo el poder, se junta en unas pocas manos. En aquel momento un abogado me dijo que estaba en contra de este Código de Buenas Prácticas, que se le debería llamar “Código de las buenas intenciones”, porque era impracticable. “¿Quién va a quitar a un director que ha colocado un grupo de expertos?, ¿un político, otro grupo de expertos, la muerte tal vez?” Efectivamente, al final son los políticos los que han prorrogado en el cargo a Manuel Borja, algo que tal vez el mismo grupo de expertos que lo puso no hubiera hecho. Tal vez. Pero eso no es lo peor, sino tantos concursos para directores de museos que han sido claramente amañados por una composición, como mínimo, increíble de los jurados. Pero eso sigue sin ser lo peor, porque lo peor sigue siendo la actitud de los políticos de cada lugar con su prepotencia y su intervencionismo grosero e inculto en la cultura. De eso hemos visto mucho estos años. Porque lo peor no es que un cargo político nombre a un cargo cultural, lo peor es que lo coloque sin asesorarse, sin vergüenza, contra la ciudadanía y contra el propio centro en el que se le coloca; lo peor sigue siendo esa idea del “aquí mando yo”; lo peor es siempre el abuso y la ignorancia de nuestros queridos y votados políticos.

Hoy, unos cuantos años después del nombramiento del director del Reina Sofía, el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza (de los Zugazas de Bilbao, los de toda la vida, bien conocidos en el País Vasco) puesto a dedo en su cargo de director del museo más importante de España y uno de los más importantes del mundo, sin historial que le cualificara para ello (y que venía de ser subdirector en el Reina Sofía, con Pepe Guirao de director, todos ellos puestos a dedo, ¡y qué dedo! y claramente no cualificados para el cargo) se sorprende, con cierta burla de ser superior, de que se reclame un concurso internacional, siguiendo el Código de Buenas Prácticas para nombrar a su sucesor. No entiende por qué, de hecho, con mucho sentido del humor, ha declarado que él nunca hubiera sido nombrado con un concurso similar. ¡Ay qué risa más grande! Para completar la gracia se anuncia que se va a retirar como director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, que quien mejor que él, y para lo que por supuesto tampoco hay que hacer concurso ni nada de esas cosas modernas, y que él es de Bilbao y ya sabemos que los de Bilbao dirigen lo que les da la gana. Miguel Zugaza no es político, a pesar de parecerlo con su actitud.

En Galicia, el alcalde socialista de Vigo, Abel Caballero, ante el anuncio del director del MARCO, Iñaki Martinez Antelo, de no renovar en su puesto y denunciar la precariedad del centro, declara que él sabe lo que hay que hacer y que este señor se va y no tiene nada que decir al respecto, “vamos que si se va, ya se lo digo yo”. Vamos que “aquí se hace lo que yo digo, faltaría mas”. Y uno piensa que con estos políticos elegidos por los ciudadanos lo que no tiene sentido es la democracia, ni la cultura, ni nada. Vamos, que en Vigo tampoco hacen falta ni buenas practicas ni buenas intenciones, lo que hace falta es un poco de cordura, que tampoco la hay. Pero es que en Córdoba se inaugura el Centro de Creación de Cultura Contemporánea  sin director y con un concurso que tiene un plazo de 15 días para presentarse contando todos los días de vacaciones de Navidad, vamos que o está dado o va a ser Fernando Francés, que tiene un máster en ganar concursos anunciados con unos días de antelación, sobre todo en Andalucía.

Parece que finalmente los políticos de derechas e izquierdas (si es que los hubiera) se han dado cuenta que son ellos los que siguen mandando, que ellos tienen el poder, el dinero, el mando a distancia de la tele y si me apuran hasta la gloria. Que no les hace falta pedir permiso para nada, ni consultar a nadie, menos a un experto que suele ser gente molesta, y que eso de las buenas practicas se puede sustituir por las buenas intenciones, y qué mejores intenciones que las suyas. Si son nuestros líderes, a los que votamos y votamos y volvemos a votar, y que su única función es cuidar de nuestros intereses, lo que pasa es que nosotros no sabemos lo que realmente nos interesa. Pero para eso están ellos, que lo van a arreglar todo. Yo desde aquí, y con todo el respeto por la autoridad competente y por su familia, propongo a Abel Caballero como director del Prado. Eso para empezar.