La amistad entre el fotógrafo colombiano Leo Matiz y Frida Kahlo comienza en los años 40, en una época agitada en México. No sólo en el ámbito político , sino también en el cultural. El país supo transformar su vida artística hasta tal punto de convertirse en el epicentro del arte en Latinoamérica y comenzaban a aparecer, cada vez más, poetas, músicos, pintores, fotógrafos que se reunían para discutir sobre política o compartir ideas. Todos ellos formaban parte del mismo círculo intelectual. En este contexto, Matiz descubrió el espíritu revolucionario de Frida Kahlo, ese espíritu que la pintora poseía ya que su infancia (nació en 1907) coincidió con la Revolución mexicana (1910-1920). Quizá, este hecho fue el que marcaría para siempre el carácter y la manera de ver la vida de Kahlo. Así, Leo Matiz acompañado de su Rolleiflex decidió capturar muchos de los momentos que compartía con ella. Momentos e instantes que se muestran ahora en la exposición que acoge el Instituto de México en España, Frida Kahlo: fotografías de Leo Matiz en La Casa Azul, enmarcada en el programa México se escribe con equis y que podrá verse hasta el 11 de noviembre de 2016.

Frida Kahlo se convierte en la cara humana de los muralistas, las fotografías de Matiz la muestran sencilla, sin artificios ni extravagancias, en la cotidianeidad de su hogar, La Casa Azul, que 50 años más tarde también inmortalizaría el fotógrafo y cuyas imágenes también están recogidas en la exhibición. Leo Matiz además de fotografiar las miradas, el sentimentalismo, la nostalgia, la intimidad o la historia de la pintora coyoacanense también retrató algunos de sus objetos más preciados, con el fin de encontrar en ellos la explicación a los sueños, anhelos y pensamientos de la artista. Los retratos de Matiz muestran a la Frida Kahlo más quebrada (como ella misma se definió en alguna ocasión) y, a su vez, a la más subversiva, tal y como lo desprendían las paredes de su casa, decoradas con estampas del comunista Mao Zedong. Aunque la pintora fue el foco de muchos objetivos, como los de Cunningham, Lucienne Bloch, Peter Juley, Martin Munkacsj o Nikolas Muray, Leo Matiz fue el único que supo adentrarse en “la escritura de sus ojos”.

(Frida Kahlo: fotografías de Leo Matiz en La Casa Azul, en el Instituto de México en España. Del 14 de septiembre al 11 de noviembre de 2016)