Desde el miércoles 24 de septiembre las salas del Centro Pompidou en París se llenarán con la obra de Marcel Duchamp. Aproximadamente 100 trabajos mostrados juntos por primera vez conforman una exposición monográfica comisariada por Cécile Debray del atemporal artista considerado el asesino de la pintura. El Gran Vidrio, La novia desnudada por sus solteros, incluso, comenzada en 1910 y declarada sin terminar por el propio Duchamp en 1923, se convierte en el eje central. Y sin embargo no es la única gran obra en esta exposición: desde sus piezas influidas por el Fauvismo a la herencia recibida del Simbolismo o sus investigaciones cubistas, son algunas facetas que pueden verse en Pompidou. La ironía y su particular forma de mirar la creación artística son otras de las presentes. Duchamp, un artista con nombre propio, un genio de su tiempo, mostraba su creatividad desde cualquier ámbito, bien como jugador profesional del ajedrez o aprovechando los objetos encontrados en su estudio. Una exposición que busca una lectura renovada de la obra pictórica del singular artista que siempre fue a contracorriente de sus contemporáneos. Una muestra ambiciosa que abarca amplias miradas sobre su trayectoria vital y profesional, desde sus inicios creativos a sus últimos trabajos. Como reinventor de la pintura, no sólo se exponen aquí sus obras, también se analiza su figura y su forma de pensar la creación: sus dudas, compromisos, su profundo romanticismo o la reflexión sobre la mirada y la relación entre texto e imagen que se intuye en obras como Étant donnés y su filia vouyerista.
El propio Duchamp era un -ismo, incapaz de enmarcarse en ninguno y tocándolos todos en distintos momentos. Una exposición en Pompidou que plantea una nueva mirada sobre el artista y su trabajo a través de obras que se exponen juntas por primera vez, abriendo nuevas vías de lectura. (Marcel Duchamp. La peinture, même, Centro Pompidou. Del 24 de septiembre de 2014 al 5 de enero de 2015)


Imagen: Marcel Duchamp jugando al ajedrez con Eve Babitz, 1963.