Con motivo del estreno este mes, de la película Mr. Turner, podemos ver que las relaciones entre pintura y cine o viceversa, tal y como planteaba José Luis Borau en su discurso de investidura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, han sido numerosas a lo largo de la historia. Repasamos, sin ánimo de ser exhaustivos, algunos de los títulos más significativos de cuantos el séptimo arte ha tratado la vida de pintores, un género dentro del biopic que ha dado títulos destacados si bien podemos constatar una semejanza: en casi todos ellos, el cine ha mostrado especial interés en la vida de artistas un tanto maníacos, atormentados, convirtiéndose en un cliché, tópicos de genios que han ido retroalimentándose en la mente del espectador. Como si no hubiera artistas sencillos, con alma sosegada y no pudieran resultarnos igual de interesantes. En 1936, Alexander Korda abordaba la vida de Rembrandt con la presencia de Charles Laughton como el pintor flamenco, en 1999 se hizo una versión alemana interpretada por Klaus María Brandauer; en 1952, José Ferrer interpretó al impresionista Toulouse Lautrec en el Moulin Rouge de John Huston. Cuatro años más tarde Vincente Minnelli adaptaba la biografía novelada de Irving Stone en El loco del pelo rojo con Kirk Douglas como el atormentado Van Gogh y Anthony Quinn como su amigo y compañero Gauguin; otras de las versiones existentes sobre el pintor holandés son Van Gogh (1990) de Robert Altman y el Van Gogh (1991) de Maurice Pialat, el primer título reflejaba la peculiar simbiosis existente entre los dos hermanos, Vincent y Theo; mientras que el segundo título se centraba en la personalidad humana del pintor y su amarga existencia.
En el clásico del cine francés Los amantes de Montparnasse (1957) de Jacques Becker, Gerard Philipe interpretaba a Modigliani que se debatía entre el amor de una joven pobre y una madurita rica; el mismo autor fue tratado en 2006 en el filme dirigido por Mick Davis y financiado e interpretado por Andy García. En 1965, se adaptaba de nuevo una novela de Irving Stone El tormento y el éxtasis de Carol Reed, se centraba en la relaciones entre Miguel Angel (Charlton Heston) y el Papa Julio II (Rex Harrison). Luciano Salce acometía la biografía del célebre pintor afincado en Toledo en El Greco (1964), autor revisitado en otra versión de 2007 de Iannis Smaragdis; ambas películas resultaron ser un fracaso tanto de crítica como de público. Andrei Tarkovski utilizó al monje pintor de iconos de principios del S. XV para contarnos en realidad la esencia del arte y ofrecernos una denuncia de la situación que vivió el pueblo ruso bajo el yugo de los tártaros en Andrei Rublev (1966). El Caravaggio (1985) de Derek Jarman, es una evocación fílmica de la novelesca existencia del pintor renacentista, con aciertos de todo tipo (fundamentalmente plásticos) que va inseparable al esteticismo decadente y homosexual característico en la filmografía de su autor. Dalí (1991) de Antonio Ribas, tan excéntrica es la obra y, fundamentalmente, la vida del pintor de Cadaqués, que este título no es sino un cúmulo de excentricidades bajo el rostro de Lorenzo Quinn. La ópera prima del prestigioso dramaturgo y guionista Christopher Hampton, Carrington (1995) gira en torno a la relación establecida entre la pintora Dora Carrington y el escritor homosexual Lytton Strachey. En Yo disparé a Andy Warhol (1996) de Mary Harron, conocemos los motivos por los cuales se atentó contra la vida del padre de la Factory. Basquiat (1996) ópera prima del pintor Julian Schnabel, en torno a su colega y amigo Basquiat, pertenecientes ambos al ambiente neoyorkino de los 80.
El exquisito James Ivory en Sobrevivir a Picasso (1996) adaptaba una novela de E.M Foster sobre el mítico Pablo Picasso, donde abundaban los tristes tópicos que se atribuyen al genio artístico, centrándose principalmente en sus devaneos erótico/ sentimentales; destacaba, eso sí, especialmente por la gran caracterización de Anthony Hopkins. El amor es el demonio (1998) de John Maybury es una recreación de la obra teatral de Daniel Faurson que se centra en el episodio de la vida de Francis Bacon cuando entabla relación sentimental con un ladrón; con los rostros de Derek Jacobi y Daniel Craig. Goya en Burdeos (1999) de Carlos Saura es un homenaje al pintor aragonés que reconstruye momentos de su vida en distintos tiempos cronológicos, uno de los últimos trabajos de Francisco Rabal, que recupera un papel que ya desempeñó para TV en los años 70. Otros títulos utilizaban la figura del pintor de Fuendetodos como testigo de una época convulsa, intrigas palaciegas, monarquías absolutistas… Volaverunt (1999) de Bigas Luna o Los fantasmas de Goya (2006) de Milos Forman, se dedicaban más a retratar la época que la figura del artista. Pollock, la vida de un creador (2000) todo un proyecto creado, interpretado además de ser el debut en la dirección de Ed Harris. Frida (2002) de Julie Taymor es un proyecto a mayor gloria de su artífice y protagonista Salma Hayek dando vida a su compatriota Frida Kahlo según el libro de Hayden Herrera. La joven de la perla (2003) de Peter Webber, ficcionaba sobre el romance entre Johannes Vermeer y su sirvienta, a la par que modelo, para mostrarnos una ambientación como pocas veces hemos podido ver, con un gusto por el detalle exquisito. En Klimt (2006) el siempre pretencioso y excesivo (a la par que prolífico) Raoul Ruiz acomete la peculiar existencia de Gustav Klimt, encarnado por un no menos excesivo John Malkovich. Seraphine (2008) de Martin Provost, el caso particular de la pintora Seraphine de Senlis, descubierta mientras trabajaba como mujer de la limpieza, con un gran trabajo por parte de Yolande Moreau.
Numerosos ejemplos pues, donde el cine se ha servido con carácter realista o ficcionado de las “sugerentes” vidas de artistas variopintos, biografías a menudo llenas de matices, así como las historias, a veces muy interesantes; sirven de modo didáctico al espectador común, haciéndonos partícipes de sus excentricidades, sus manías… porque no todos son atormentados, ni independientes, bohemios, egoístas, mujeriegos y locos ¿o sí?

Imagen: Fotograma de El loco del pelo rojo (1956) de Vincente Minnelli.