El dibujo ha gozado durante siglos de un puesto privilegiado en la Historia del Arte clásica. Considerado la base de toda obra de pintura o escultura, ha sido siempre el arma infalible con el que demostrar la maestría -mediante su buena ejecución- o para evidenciar las carencias de todo artista que se preciara. Y, sin embargo, parece que con la aparición de nuevas técnicas, métodos y procedimientos, de la fotografía o, el vídeo; en nuestra época el dibujo se contempla -quizás por su pasado glorioso- con cierto desdén, como mero boceto preparatorio o como arte menor frente a obras más llamativas como puedan ser una instalación o un fotomontaje. Pero, para demostrar que el dibujo sigue gozando de la misma buena salud que antaño y que, en los últimos años, ha continuado evolucionando, el Nasjonal Museet de Oslo, celebra hasta el 5 agosto Prism: Drawing from 1990 to 2012 una muestra en la que se ensalza este arte a través de creadores actuales -noruegos y extranjeros- como Ghada Amer y Reza Farkhondeh, Vanessa Baird, Carlos Capelán, Tony Cragg, Mariana Castillo Deball, Dag Erik Elgin, Roar Werner Eriksen, Bertil Greging, Jan Groth, Kalle Grude, Wenche Gulbransen, Ane Mette Hol, Patrik Huse, Zhang Chun Hong, Olav Christopher Jenssen, Anish Kapoor, William Kentridge, Richard Long, Lotte Konow Lund, Pierre Lionel Matte, Ian McKeever, Hanns Schimansky, Kjell Varvin, Jorinde Voigt o Ryszard Warsinski. Más de cuatrocientas obras compiladas para demostrar la autonomía del dibujo, su capacidad expresiva, su radicalidad, su belleza y su inalterable capacidad para fascinar.