Elizabeth Lee Miller es conocida, sobre todo, por su faceta como fotógrafa artística, a pesar de que comenzó en el mundo de la fotografía al otro lado de la cámara en los años 20. Inició su carrera como modelo con 19 años, tras conocer a Condé Nast (fundador de Vogue), y fue fotografiada por figuras como Edward Steichen, Arnold Genthe o Nickolas Murray. Pero pronto quiso iniciarse como fotógrafa y se trasladó a París, donde conoció a Man Ray y pasó a ser su asistente fotográfica, amante y musa. A partir de este momento, la carrera de Lee Miller iría en ascenso, compuso sus primeras imágenes ingeniosas y humorísticas, bajo la influencia del movimiento surrealista, abrió su propio estudio en la ciudad francesa, y comenzó a relacionarse con Picasso, Paul Eluard o Jean Cocteau. Posteriormente, también abriría un estudio fotográfico en Nueva York, lo que le catapultó todavía más al reconocimiento internacional como fotógrafa. Aunque Lee Miller en un principio se centró en la fotografía de moda, a raíz del estallido de la Segunda Guerra Mundial pasó a formar parte del London War Correspondents Corp y ejerció de fotoperiodista para Vogue, documentando sucesos como el asedio de Saint Malo, la liberación de París, la batalla de Alsacia o el horror en Buchenwald y Dachau, entre otros.

Ahora, el Kulturhuset Stadsteatern de Stockholm dedica hasta marzo del año que viene una completa exposición sobre Lee Miller en la que se acoge un tesoro escondido y que fue descubierto por uno de sus hijos tras la muerte de la estadounidense: una serie de cuadros que la artista había escondido e ignorado para que no fueran expuestos. Así pues, en la muestra se presentan diversas fotografía que no fueron nunca mostradas y que ayudan a conocer más en profundidad a la mujer que había detrás de la fotógrafa, a esa Lee MIller independiente y activa, una buscadora pragmática y aventurera en busca de la verdad.

(Lee Miller en Kulturhuset Stadsteatern, Stockholm. Desde el 8 de septiembre hasta el 4 de marzo de 2018)