OPINIÓN

Parece mentira pero en una sociedad donde se admiten los divorcios, las parejas de hecho, las parejas homosexuales, la libertad de culto, de sexo… la libertad en general, aunque bien es cierto que no en todas partes; en una sociedad, quiero decir, en la que las redes sociales unen y facilitan todo tipo de contactos, resulta que sólo vale lo virtual, lo ficticio, lo imaginario. Aquí, en esta sociedad aparentemente sin prejuicios, abierta, moderna, sin límites físicos ni morales, pues resulta que un solo cuerpo, silencioso y desnudo sigue siendo un problema.


Ema desnuda, bajando una escalera, por suerte para ella y para su autor Gerhard Richter, no es una foto, es una pintura (vaya, los dioses de
Facebook saben de arte y finalmente distinguen entre una escultura o una pintura y una foto), una obra de arte y por lo tanto piden disculpas por haberla eliminado de sus redes y prometen volverla a poner en su sitio. Gracias. Gracias por ser tan comprensivos, y aunque Ema es una mujer real, y su cuerpo también, y haya sido una vez una fotografía antes de volverse pintura y, por lo tanto obra de arte, aceptan que su rotundidad corporal no es un pecado, o ¿cómo se dice ahora?, un peligro tal vez para personas que ven violencia, asesinatos, violaciones todos los días por la televisión, reales o ficticias, es decir, siempre reales, pero a las que un cuerpo simplemente bajando unas escaleras les puede perturbar. Es como reconocer que el arte perturba. Gracias nuevamente, señores de Facebook por reconocer que el arte existe, que es importante, que altera nuestra conducta, que perturba nuestro entendimiento.


Nuevamente la estupidez y una moralidad enferma topan con la realidad de los cuerpos. Cuerpos desnudos, en su propia y natural esencia, tal y como somos: cuerpos desnudos. Rotundos, jóvenes o viejos, todos tenemos cuerpo, un cuerpo desnudo que cuidar, que querer y respetar, que compartir y que mostrar libremente. Y creíamos que ahora éramos, podíamos ser, más libres y entonces llega Facebook, abanderado de todas las libertades y nos dice que no, que sólo si somos pintura o escultura, que sólo si somos obra de arte (¿todas las pinturas y esculturas lo son?) pero no si somos foto o si somos reales. Primer axioma: la fotografía no es arte; segundo axioma sólo la representación puede mostrarse, nunca lo representado. Conclusión: la censura sigue activa incluso en la cabeza de aquellos que se presentaban como innovadores. Lo más viejo, el cuerpo desnudo, sigue siendo estigmatizado por los más jóvenes.


Sí, esos jóvenes millonarios (los millonarios más jóvenes de la historia) siguen alucinando con un cuerpo tranquilo que baja unas escaleras desnudo, una mujer sin más atributos que su serenidad. Tal vez si estuviera siendo atacada, violada, si la asesinaran en un cine mientras ven la ultraviolencia aceptada del penúltimo Batman, entonces no pasaría nada. No pasa nada por llevar un lanzagranadas en el coche, ni una escopeta recortada debajo del abrigo. No pasa nada por asesinar preventivamente a quien haga falta. No pasa nada por arruinar a sociedades enteras, echar a la calle a familias, no pasa nada por robar o matar, pero enseñar el cuerpo altera demasiado a los bienpensantes reyes de las redes todopoderosas.


Y todo esto en verano, cuando la desnudez reina en las ciudades y en las playas, donde lo que todos buscamos es la desnudez propia y ajena, volver a lo natural, a nuestra esencia. Tal vez por eso las playas nudistas son un éxito para las personas mayores, porque no se sienten observadas ni juzgadas. Los jóvenes parece que prefieren ocultar lo obvio, no infringir ninguna ley. Por suerte para todos, finalmente sólo somos un cuerpo, y en el nos reencontramos, nos encuentran, nos sentimos, en el vivimos y en el morimos.


Yo, de momento me voy, con mi cuerpo, a una playa nudista a ver si me encuentro a mi misma y de paso a alguien más. Y, por lo menos este verano, olvídense de Facebook y de Twitter y de todos los que a distancia pretenden ordenar y regular sus vidas a través de tuits y trending topics. Sean ustedes mismos, solos y desnudos. Pura obra de arte e ingeniería metafísica. Y disfruten.


Imagen: Gerhard Richter. Ema, 1966.