Durante el año 2016 San Sebastian ha disfrutado de ser la Capital Cultural Europea, cargada de eventos, exposiciones y actividades, esta experiencia llega a su fin pasando el testigo a Aarhus de Dinamarca y a Pafos de Chipre. Para despedirse, Irantzu Lekue propone una instalación artística elaborada con 10.000 botellas, una metáfora basa en el mito de Teseo y el Minotauro. En este mito, Teseo es encerrado en un laberinto habitado por un ser mitad hombre mitad toro del cual el héroe griego ha de escapar. La imagen del laberinto ha sido usada metafóricamente a lo largo de la historia como el símbolo de la vida, la muerte y el renacer y es justamente lo que la instalación de la artista Lekeu representa, un camino tortuoso, lleno de equivocaciones que hay que recorrer para encontrar el centro del yo y la sabiduría.

Pero más allá de este mito, la instalación se presenta en forma de huella dactilar, la marca que dejamos con nuestra presencia, el modo de ser y de hacer. Es la voluntad de recorrer un camino que marca la ruta, como aquel hilo que Teseo utilizó para marcar el camino que seguía dentro del laberinto.

Cabe preguntarse, que si el deseo de Teseo era el de escapar de aquel laberinto, en busca de la libertad, ¿cual es el deseo de esta huella? El griego utilizó un hilo rojo, un hilo que marcaba su camino, el andado, pero en este caso, este hilo rojo no llega al centro del laberinto, para crear la idea de que el que se encuentra atrapado dentro de esta encrucijada, está siempre pendiente de su destino, de sus deseos.

Esta pieza de Lekue cierra el programa Olas de Energías de Donostia 2016. Dentro de cada botella se guardan las opiniones de los guipuzcuanos sobre este año de cultura en su ciudad y que conforman la gran huella dactilar.