Después de la caída del nazismo y el fin de la Segunda Guerra Mundial, Alemania tuvo que afrontar su Historia. La cuestión de la culpa, Schuldfrage, en alemán, sigue siendo un tema de debate y el Arte no es ajeno a ello. Desde los años setenta, artistas como Anselm Kiefer ((Donaueschingen, 1945) se enfrentaron a la memoria histórica a través de sus cuadros. Ahora, el Centro Pompidou de Paris organiza una retrospectiva de este pintor alemán.

Vinculado a neoexpresionismo junto a Georg Baselitz, Gerhard Richter, Sigmar Polke, intentaron renovar la pintura alemana. La muestra cuenta con sesenta cuadros, pertenecientes tanto a colecciones privadas como a instituciones públicas de todo el mundo. En su trayectoria, Kiefer ha tratado la Historia, especialmente la que afecta de forma más directa a su país natal, como fuente fundamental de inspiración.El uso propagandístico que Hitler hizo de las leyendas, mitos y lengua germánicas, dañó para Kiefer, para siempre a Alemania. Esta obsesión por las huellas del nazismo, le llevan a viajar a Israel y estudiar textos de la Cábala y los escritos de Gershom Scholem y de Isaac Louria.

En sus composiciones, Kiefer hace uso de formas poliédricas y métricas así como símbolos, letras, y figuras que trasladan al observador al pasado. Una de sus obras más conocidas, Melancolia (1954) expresa el duelo por la instrumentalización de la cultura y su posterior ruina. Con figuras alegóricas trata de plasmar el inicio de una nueva creación cultural asumiendo el pasado alemán.

(Anselm Kiefe, Centre Pompidou, Paris. Desde el 16 de diciembre de 2015 hasta el 18 de abril de 2016)