Los conservadores alemanes han salido a la calle para protestar por la decisión de trasladar, a un edificio más pequeño, una de las colecciones de grandes maestros más importantes del mundo: la custodiada por la Gemäldegalerie de Berlín. Un conjunto de cerca de 3.000 obras europeas de los siglos XII al XVIII, entre las que hay tesoros artísticos de creadores como Durero, Lucas Cranach, Rafael, Tiziano, Caravaggio, Rubens o Rembrandt entre otros. Todas ellas serán trasladadas al Bode Museum, un espacio más pequeño en el que la mayor parte de estos fondos descansarán en un almacén hasta que se sepa donde reubicarlos.

Mientras, la Gemäldegalerie se destinará a exhibir fondos de arte contemporáneo pertenecientes a la colección privada de Ulla y Heiner Pietzsch, valorada en 150 millones de euros, donada al Estado y en la que hay otros tantos tesoros de los siglos XX y XXI con trabajos de Magritte, Ernst o Pollock entre otros.

Una querella, la de lo antiguo y lo moderno, que vuelve a estar de actualidad y en la que los conservadores simplemente piden que las obras antiguas se preserven y no se muevan hasta que no haya un espacio adecuado para llevar a cabo, sin riesgos, el cambio.