Decía Carlos Barral que cuando todo lo que comentamos empieza con “hace 20 años…”, es tiempo de plantearse que envejecemos, y otras muchas cosas. Pues hace nada más que 35 años que el Espai 13 de la Fundació Joan Miró de Barcelona viene dedicándose al arte joven, sea esto lo que sea. Lo celebra con la exposición Haver fet un lloc on els artistes tinguin dret a equivocar-se (algo así como “Haber hecho un lugar donde los artistas tengan derecho a equivocarse”), que se plantea como una suerte de museo en el que se condensan las exposiciones que se han celebrado en todo este tiempo. Las programaciones de los Espais 10 y 13 han funcionado de una forma autónoma dentro de la Fundación, cumpliendo uno de los deseos de Joan Miró como fue que su fundación sirviera para apoyar el arte de los más jóvenes y de aquellos cuya obra no alcanzaba a los canales institucionalizados. Los que hemos estado más de estos 35 años viendo exposiciones recordamos muestras increíbles hoy, cuya belleza, oportunidad, instalación, comisariados (cuando esa palabra no se usaba) no podremos olvidar, desde una excelente instalación de Tom Carr, otra inconmesurable de los Poirier, entonces desconocidos, una Susana Solana aún desconocida que se atrevía a colgar lonas y llamarlas esculturas… Hemos aprendido y disfrutado tanto en este espacio pequeño pero intenso que no tenemos palabras para agradecerlo, una pena que nuestra memoria individual sea débil, y es que éramos tan jóvenes que nos sorprendíamos con un arte nuevo que entraba a España por algunas pequeñas rendijas, una de ellas eran estos espacios en la bella Fundación de Miró y Sert, en Montjuich. Ahora que el arte de hoy entra por ventanales no parece que sea tan gozoso, tal vez haga falta más inteligencia, más delicadeza, más espacios 13. Gracias y enhorabuena por estos espléndidos 35 años de inteligencia y belleza. (Desde el 14 de marzo hasta el 25 de mayo: Espai 13, Fundació Joan Miró, Barcelona.)