OPINIÓN

Ya nadie niega la realidad. Estamos en crisis, pero parece que la única crisis que preocupa es la económica. Pero, ¿no estábamos en el mundo de la cultura? Deberían preocuparnos otras crisis, otra krisis. La de valores, formas y contenidos, la de principios y actitudes. La krisis de creatividad y de inteligencia, de valor y de radicalidad. Y para esto los bancos no tienen reservas, ni aunque nos avalen propiedades, familia y amigos. No hay fondos reservados de inteligencia. Saber mucho, haber leído todo, acumular datos, frases, citas, eso sí se puede medir, almacenar, y dosificar, pero la inteligencia, el valor, son aspectos inabarcables de la personalidad. O se tiene o no se tiene, y si se tiene, aunque este durmiente, cuando despierta arrasa como una tormenta tropical, un huracán, un tsunami. No son frecuentes, pero todos conocemos, hemos estado en el centro, en el ojo del huracán alguna vez. Y es una experiencia siempre enriquecedora. Es la parte salvaje que cada vez está más oculta, tan domesticados todos que hacemos corderos de los tigres.
Pareciera que el mundo de la cultura es un mundo más libre, donde los límites existen para ser rotos, las barreras para ser cruzadas. Las normas se deben destruir y crear, crear, siempre crear un límite nuevo más lejano, siempre mirando hacia donde no se ve nada… todavía. El artista, el escritor, el pensador, el activista, todos ellos personajes activos de una sociedad en permanente cambio, no viven atados por las leyes de una estructura burguesa y adocenada… palabras que ya no tienen sentido. La krisis que vivimos es una situación terminal en el que la apariencia es más importante que el contenido, donde lo joven es copia de lo que fue joven hace años, donde el atrevimiento consiste en hacer con tinta lo que otros escribieron con sangre. Ante esta situación de penuria de ideas y de planteamientos, donde la brutalidad de las ideas ha desaparecido y la salvaje libertad de las opiniones, la alegre variedad de las palabras, se ha convertido en un tantra de halago insulso, no queda mucho que rescatar, y la crisis económica nos parece solamente un reto a nuestra resistencia.
Llegamos a pensar que para nosotros, los que nunca fuimos ricos pero sí fuimos radicales, la crisis económica es una circunstancia temporal que venimos solventando con más o menos elegancia durante toda nuestra vida. Esta es una crisis que afecta evidentemente a las revistas, a las galerías, a las estructuras, a todos. Es cierto, pero pensar es gratis, hacer una foto, crear una imagen, pintar un cuadro, escribir un cuento, componer una canción, es barato, no cuesta nada pero es lo más caro de todo. Mientras se subvencionan las superproducciones cinematográficas que a nadie interesan pero que muchos ven, la inteligencia se mueve inquieta y no encuentra lugar. Porque como decía el cantante, el pensamiento es estar siempre de paso, no tomar nunca asiento, no estancarse, no acobardarse. Por eso krisis es una palabra más bonita que crisis, porque las formas, las apariencias también importan. A veces es lo único que importa, allí donde la forma lo dice todo.