El Premio Velázquez de Artes Plásticas de la edición de 2015 ha ido a parar a Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937); el Ministerio de Cultura ha querido destacar el conjunto del trabajo del artista y su “sólida y coherente trayectoria y su sobresaliente aportación al arte desde el compromiso ético, político y social”. La concesión ha coincidido con la proyección del documental del artista, No escribiré arte con mayúscula, que se encuentra actualmente en La Cineteca de Matadero, y donde se ahonda en su trabajo y proceso creativo. El compromiso de Valcárcel con el arte y con la parte más educativa de la creación son dos de los rasgos del artista murciano, que recibía en 2007 el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Varcárcel Medina llegó a Madrid con 19 años y se formó en Bellas Artes y Arquitectura, no llegando a terminar sus estudios. Su trabajo ha estado siempre ligado a una coherencia formal y reflexiva en torno a los aspectos comerciales del arte, entendiendo la práctica artística como un acto de consciencia personal, de visión de la realidad a través de una mirada crítica. Muchas de sus obras se mueven en esta línea, implicando frecuentemente al público, como hizo con 136 manzanas de Asunción, donde invitaba a los viandantes de la capital de Paraguay a acompañarle a recorrer una manzana mientras charlaban; o Conversaciones telefónicas, en el momento en que se generalizó el uso del teléfono en las casas españolas, el artista llamaba a personas anónimas para darles su número de teléfono. Valcárcel ha trabajado diversas técnicas a lo largo de su carrera, siendo las prácticas performativas y de implicación del otro, especialmente en el entorno urbano, uno de sus principales intereses temáticos.

La edición anterior del Premio Velázquez iba a parar a Esther Ferrer, otra de las pioneras del performance en España.