La nueva edición de la Bienal de Cuenca (Ecuador), que tendrá lugar entre el 28 de marzo y el 27 de junio, vuelve a insistir en un modelo conceptual en el que tengan cabida multitud de disciplinas, lejos ya de esas primeras ediciones en las que la pintura era la única protagonista. Los esfuerzos se vuelven a fijar en el desarrollo del arte local, así como en la visión latinoamericana y el debate poscolonial. Sin embargo, su curador, Jacopo Crivelli Visconti, aclara que la Bienal no se limitará a un solo tema. Todo lo contrario, son varias las temáticas que se tratarán en esta cita, formando un entramado que aborda gran parte de las problemáticas centrales para la producción artística contemporánea y para el enfrentamiento con cualquier realidad social.
Para embarcarse en esta ardua empresa, la Bienal ha decidido apoyarse en un bastón que, en un principio, podría parecer un tanto frágil. Se trata del imaginario poético de Édouard Glissant (Martinica, 1928 – París, 2011), en el que el cambio y la metamorfosis son constantes que permiten la confección de un espacio para la migración y el trasvase de ideas, políticas, cosas y gente. La elección pronto se desvela como un referente sólido para el discurso curatorial de esta edición, que retoma así la noción de Glissant de un saber que brota del movimiento y de la relación para aplicarlo al propio contexto de Cuenca. La 12ª edición busca desestabilizar criterios uniformes, dinamizar sistemas y derribar binarismos, y promete mucho movimiento para enfrentarse a la realidad que nos rodea. Por lo tanto, no es de extrañar la presencia en la Bienal de “obras nómadas”, como las denomina Crivelli, que en su viaje traspasan -y rompen- la frontera entre autores conceptuales y físicos, entre pasado y presente, o entre un país y otro.
La lista de artistas participantes es amplísima y, entre otros, cuenta con Meriç Algün Ringborg, Armando Andrade Tudela, Julieta Aranda, Martha Araújo, Pia Camil, Daniel Gustav Cramer, Patricia Esquivias, Mario García Torres, Eduardo Navarro y Wendelien van Oldenborgh. La Bienal contará también con un programa discursivo denominado “Diálogos” que se desarrollará a partir de los cuatro ejes temáticos de la exposición: sistema-mundo, apropiación, medida y la reconsideración de la Historia. Las mesas de discusión serán conducidas por Nabil Ahmed, Sarah Demeuse, Max Jorge Hinderer y Manuel Segade, y según explican los organizadores, cada charla se constituirá como un “proceso dinámico de criollización”, siempre cambiante, basado en la construcción de una experiencia compartida y en el carácter flexible de la oralidad. Este énfasis en la discusión incesante y desahogada nos devuelve al título de la muestra. “Ir para volver”, una expresión idiomática ecuatoriana que describe una ausencia temporal pero sin vuelta fija. Con “vuelta abierta”, podríamos decir, como el pensamiento en circulación de Glissant y los diálogos que se escapan, sin planes de regresar, de los discursos pre-establecidos.