Ubicada en un antiguo almacén de armas, el Arsenale Mystetskyi, la I Bienal Internacional de Kiev cerraba sus puertas el pasado 31 de julio tras permanecer abierta algo más de dos meses. Un evento al que han acudido cerca de 135.000 personas y en el que han participado 98 artistas, de los cuales, 22 eran ucranianos.

Una plataforma que se contempló en principio como una estrategia gubernamental para aproximarse a las estrategias expositivas internacionalistas europeas; como un modo de lavar cierta imagen política del país y fomentar, por la vía de las artes, la candidatura a convertirse en un miembro más de la Unión Europea.

Evidentemente, entre los objetivos de los organizadores estaba el hecho de dar a conocer a los artistas locales y, muy especialmente, visibilizar la herencia cultural ucraniana pero, dejando al margen el posible carácter estratégico del evento, la Bienal se llevó a cabo pensando en un proyecto más a largo plazo de modo que sirviera, esta primera inmersión en las dinámicas internacionales, para lograr un sustrato con el que originar y fomentar el arte contemporáneo nacional atrayendo a visitantes, artistas, coleccionistas que aportasen el feedback necesario para convertir el Arsenale, con el tiempo, en un futuro museo nacional de arte.

El proyecto para este museo ya se ha puesto en manos del Gobierno pero, mientras se estudia y quizás se materializa; el año que viene en septiembre de 2014 se llevará a cabo una II edición de la Bienal de Kiev ya que, por encima de todo pronóstico, los resultados han sido satisfactorios y los trabajos que se han expuesto, con el comisariado del británico David Elliot y la ucraniana Nataliia Zabolotna; han causado un gran impacto entre la población local y los visitantes foráneos. Se han podido contemplar piezas políticas como las de los hermanos Champan y trabajos sobre la historia reciente del país como el de Lutz Becker The Scream (2012) en torno a la revolución naranja de 2004; que han servido no sólo como forma de reflexión y de contextualizar y conocer desde fuera la imagen que se tiene de Ucrania, sino como plataforma para romper con el aislamiento de la escena artística del país.

En definitiva, la I Bienal de Kiev ha logrado consolidarse con este primer intento y ha conseguido que su futura segunda edición se anote en las agendas del panorama del arte contemporáneo internacional, como una cita más.

Imagen: Yayoi Kusama. Footprints to the Future, proyecto específico para la I Bienal Internacional de Kiev, 2012.