OPINIÓN

Había pensado convertir este texto de opinión en una lista interminable de nombres de artistas de los que seguramente ninguno de mis lectores ha visto ni una sola obra y posiblemente no sepan de su existencia. De nombres que llenan listas de exposiciones colectivas, de artistas que trabajan con galerías que nunca han visitado. Con la globalización, la dispersión de ferias de arte y de bienales por todo el mapa y por todo el territorio nos hemos creído que el mundo es un terreno abarcable. Que por viajar a un par de ferias y a alguna bienal, ya somos unos expertos. Podemos saber de arte, para eso hemos estudiado una carrera que empezó, hace años, en la universidad de cualquier ciudad del mundo y que prosigue a través de exposiciones, textos, visitas, lecturas y experiencias de todo tipo. Pero de eso a saber de artistas… ¿a cuántos artistas realmente podemos conocer? La mayoría de los que podemos conocer, una vez descartado Ai Weiwei y todos los que ocupan las listas de los más mediáticos, famosos, medio históricos y repetidos en todas las listas, son los que tenemos cerca. Es decir, los que son de nuestro país y de aquellos a los que viajamos con frecuencia. Y aquí se acaba casi toda la globalización. Además de lo que leemos en revistas especializadas, catálogos e internet. No llegamos ni al 5% de la realidad mundial.


De los Estados Unidos, de Brasil, México o Alemania… conocemos los ya consagrados, los que tienen galerías fuertes… pero incluso si aquí copiase la lista de participantes en la Documenta o en cualquiera de las Bienales que en el mundo hay (con São Paulo y Venecia, ya sería suficiente) y las mezclase como en un juego de dados con los nombres de los participantes en exposiciones colectivas de cualquier ciudad… el numero de los que podríamos asociar con sus obras sería mínimo.


Los comisarios/curadores jugamos con lo que conocemos, que reconozcámoslo, es poco. Reconocer la propia ignorancia es propio de sabios, pero sobre todo de personas prudentes y lógicas. Cada vez que salgo de mi país me doy cuenta de la inmensa ignorancia que, a pesar de intentar estar al día, de ver y leer todo lo que puedo, a pesar de que me llegue más información que a la mayoría de mis lectores, tengo con respecto a la realidad artística de otros países. Y la realidad artística no es sólo lo que reluce, sino lo que sostiene a lo que reluce. Cada día conozco artistas que no se qué hacen, de los que nunca había oído hablar… hasta tal punto que cuando me presentan a alguno del que conozco sus trabajos, me siento como si viera a alguien de mi familia. Mis amigos críticos, comisarios, de otros países me hablan de artistas singulares, brillantes…, que no conozco. Claro que yo me defiendo, haciendo lo mismo: la lista de artistas espléndidos que conozco yo y ellos no es más o menos igual de larga. Si a esto añadimos la riqueza y variedad de lenguajes, técnicas, y formatos, esta “ignorancia” es casi inabarcable e inevitable.


Aunque pueda hacer una larga lista de artistas por ejemplo italianos actuales que conozco, la lista de los que desconozco es siempre mayor. Y si sustituimos Italia por Grecia, por Polonia, por Uruguay, por Colombia, por Hungría, por Corea del Norte o del Sur… ¿y África? No hemos descubierto Asia y ya nos damos cuenta de que África, tan cerca y tan desconocida, debe estar llena de artistas que todavía no han salido para Estados Unidos o Inglaterra. Y creemos que por conocer un puñado de artistas argentinos, brasileños o mexicanos, más unos pocos cubanos o de algún país latino, ya somos unos expertos en arte latinoamericano. Como si eso existiera siquiera. Como además se de primera mano cómo se seleccionan los participantes en las bienales y en Documenta, cómo se “investiga” más allá de los artistas que centran el discurso en cada ocasión (que son salvo pequeñas variaciones, los mismos), creo que estamos infravalorando la creatividad artística, que estamos ignorando, por exceso, a muchos grandes artistas que nunca tendrán visibilidad.


Pero incluso sin salir de tu propio país, cada vez es más difícil estar al día de las nuevas hornadas de jóvenes artistas o futuros artistas que salen de escuelas y facultades, de academias y aquellos otros que vienen directamente de cualquier territorio, legiones de personas que quieren contarnos algo, que quieren que nos fijemos en ellos, pues tienen algo que decirnos, que mostrarnos. Es imposible atender a tanta demanda. Ni los curadores/comisarios, ni los museos, ni los coleccionistas ni, por supuesto, las galerías por más que se multipliquen y sean cada vez más todos ellos, finalmente sólo quieren exponer a los mismos o a sus parecidos. Naturalmente no estoy diciendo que todos estos artistas que desconozco sean geniales e interesantes. Los miles de domingueros, anacrónicos, aburridos, copistas, huecos, repetitivos, miméticos… a esos ya los había eliminado antes de empezar a escribir.


Hablo de los que realmente me interesaría conocer, hablo de los que les interesaría conocer a todos ustedes, hablo de Belén Rodríguez González, de Ramiro Chaves, de Marlon de Azambuja, de Rubén Acosta, de Simón Moreno, de Irma Álvarez-Laviada, de Paul Ramírez Jones, de Daniel Silvo, de Carlos Nieto… … … …

Imagen: Belén Rodríguez González Gifted, 2010.