Katsushika Hokusai (1760 – 1849) es una de las figuras claves en el arte contemporáneo occidental de finales del XIX. Máximo exponente de la escuela de grabados Ukiyo-e (la pintura del mundo flotante), su trabajo se caracterizó por el uso de la línea curva y de la pincelada hecha con soltura, que influyó enormemente a artistas como Monet, Degas o Toulouse-Lautrec. Todo un soplo de aire fresco para el París impresionista de finales de siglo, capital artística de Europa. La vuelta a París del japonés más internacional se hace por la puerta grande y lo hace en el Grand Palais. 500 obras, entre pintura, grabado y diseño, muchas de las cuales se muestran por primera vez fuera de Japón. Un conjunto de piezas que plasman la espiritualidad que caracteriza al trabajo de Hokusai. La exposición se concibe en dos partes, para la óptima conservación de algunas de las obras: la primera parte, inaugurada el 1 de octubre, se expone hasta el 20 de noviembre. Entre los días 21 de noviembre y 1 de diciembre las salas permanecerán cerradas para reemplazar 100 obras por copias similares y sustituir algunas piezas por otras nuevas. Todo esto nos remite a la delicadeza de la propia exposición y del trabajo de Hokusai. Una cita imprescindible para quien visite París este otoño. (Hokusai, Galerías Nacionales del Grand Palais, del 1 de octubre de 2014 al 18 de enero de 2015).


Imagen: Katsushika Hokusai, La gran ola de Kanagawa, 1830-1833.