OPINIÓN

Ciertamente debemos hacerlo muy mal la mayoría. Por lo menos eso entiendo yo ante esas personas que prefieren hacerlo todo ellos mismos. Esos artistas que además quieren ser ellos mismos sus curadores. O los curadores que, además, quieren diseñar los catálogos, o los artistas que quieren ser curadores y diseñadores, y a veces también teóricos. O del profesor de universidad que quiere ser teórico, curador, director de museo y si tiene tiempo, artista. O ese crítico, posterior curador y más tarde director de museo, que lo que realmente decía ser era fotógrafo, artista, pero no uno cualquiera sino el más interesante de España. Como decimos en España, es gente que quiere ser la novia en la boda y el muerto en el entierro. Siempre he creído que era algo muy español esa afición a hacerlo todo, a creer que el trabajo de los demás no tiene el valor suficiente, que nosotros mismos lo podemos hacer mejor. Esa afición tan nacional de ser entrenadores de fútbol y seleccionadores nacionales con una cerveza en la mano. Todos creen saber quién es el mejor delantero, las razones por las que se alinea o no a tal o a cual jugador, a quien hay que fichar y, en definitiva, el seleccionador real es un idiota por no hacerlo. Por supuesto nunca estamos de acuerdo con el representante en ninguna bienal, ni con el resultado de la participación española en nada, ni siquiera nos parecen bien, nunca, los cantantes que van en nuestro nombre a Eurovisión. Porque nosotros lo hacemos mejor, lo hacemos mejor todo para ser más exactos. Y sobre todo, los otros lo hacen mal, remal, no tienen ni idea. Aquí todos sabemos más que el médico o el arquitecto. ¡Para qué! Y lo de cocinar, lo hace cualquiera.
Es por esto por lo que el artista no suele valorar el papel del galerista, que se queda con un porcentaje alto de la venta de la obra. Pocos artistas me han aceptado nunca que realmente el galerista tiene muchos gastos; que si el local, los viajes a ferias, los gastos fijos, el personal… No; lo que te suelen decir es que es un intermediario del que les gustaría prescindir, y de hecho muchos de ellos lo hacen: bien vendiendo en sus estudios directamente, bien – y esto me parece mejor- trabajando sin galería. Claro que entonces lo de ir a ferias, hacer exposiciones, es muy complicado… aunque ¿para qué? Si total las ferias están todas mal hechas, y sólo les interesa vender, y en cuanto a las exposiciones… para cuatro que van, los críticos sólo escriben estupideces, y el galerista no sabe hacer su trabajo… Pero si vamos al detalle, el asistente del artista se considera mejor que el artista, que le explota; el galerista piensa que las chicas que están todo el día al pie del cañón no saben nada, son contestonas y, aunque les paguen una miseria, siempre hacen poco para lo que debieran. Y así hasta el aburrimiento. Eso sin pararnos a analizar asuntos generacionales, porque el que quiere ser crítico piensa que va a ser mucho mejor que los que han venido antes, a los que por cierto no piensa ni leer. El joven comisario cree que va a renovar la profesión y que es más listo y más original que Harald Szeeman en sus mejores momentos y, claro, el artista que empieza ya te pide por su obra lo que te pide un artista de media carrera; su objetivo no es otro que el museo más importante y las colecciones internacionales, y los artistas anteriores, ya están antiguos, ya no interesan, hay que hacer cosas nuevas… ¿cosas nuevas, dices, chaval?
En definitiva, viendo el panorama yo creo que sí, que lo mejor es que cuando se le estropee el fregadero lo arregle usted mismo, y si se tiene que operar no vaya al hospital, ya que los médicos, en fin, van a lo que van. Y si eres artista te recomiendo que montes una galería, seas tu propio curador, escribas tus textos, y por supuesto seas tu mayor coleccionista, y a los demás que les den, que se mueran de envidia… aunque pueden hacer lo mismo que tú y así generar miles de galeristas, y de artistas, nuevos críticos y teóricos y, sobre todo, un espléndido y muy especializado coleccionismo.