El pasado lunes se falló uno de los galardones más importantes del arte contemporáneo a nivel mundial y, por consiguiente, uno de los más prestigiosos de Reino Unido. Este año se presentaban los cuatro finalistas con más o menos polémica, en la exposición que la Tate Britain lleva a cabo, como cada año, con las obras de los aspirantes al Tuner Prize. Todas las quinielas apuntaban a una ganadora clara y así ha sido. La favorita, Helen Marten ha resultado galardonada con el Premio Turner de arte contemporáneo por sus esculturas, dividiendo al público experto entre los que afirman que, no sólo la obra galardonada sino el conjunto de las finalistas denotan un agotamiento y quienes ven las nuevas propuestas como un formato de la escultura renovado.

Marten era la favorita, la más joven y la más internacional. Sus creaciones son difíciles de catalogar, una mezcla de escultura e instalación, creadas a partir de materiales industriales, dibujos arquitectónicos, productos orgánicos como cáscaras de huevo, piel de pescado o bastoncillos de algodón. Su obra fácilmente podría definirse como collage posmoderno, creando una serie de imágenes que reinterpretan los objetos tales y como los percibimos en el día a día, transformándolos en otros muy distintos, extraños y abstractos; han sido estas instalaciones escultóricas la que han hecho de Marten la vencedora de las 25.000 libras del Turner Prize.

Al igual que Marten, la obra de Michael Dean, uno de los finalistas, se basa en el reciclaje de materiales y objetos industriales, otorgando a sus trabajos escultóricos un lenguaje físico. Su trabajo comienza en la escritura para evolucionar en moldes y de ahí a la obra de arte. Anthea Hamilton que, según los críticos no tenía posibilidades de ganar, es la autora de la obra más comentada y publicitada de las candidatas, un culo masculino de tonos dorados. Por último, Josephine Pryde era la cuarta contendiente, que ha visto como su última oportunidad para presentarse a este galardón no daba los frutos esperados. Una de las condiciones de los Turner Prize es que los participantes tengan menos de 50 años, los mismos que cumple Pryde el año que viene. Todos los finalistas han exhibido su obra durante los últimos meses en la Tate Britain.