OPINIÓN

  • Hay cosas que no se deberían pagar

Desde que el mundo es mundo nada ha sido gratis. Pero hay cosas por las que no deberíamos pagar. Todos sabemos en el mundo del arte que hay críticas, favorables por supuesto, que están pagadas. Aunque el pago no siempre sea con dinero, puede ser pagada con obra, puede ser pagada con favores. No voy a dar ejemplos ni nombres, porque igual que yo los sé los saben muchos más que callan y sonríen, mientras consiguen cosas que sé que yo nunca conseguiré por ser una bocas según unos, una inocente según otros, una imbécil según los restantes. Tampoco voy a decir nombres porque aquellos que aparentemente denuncian casos concretos nunca dicen de quien hablan, esperando que los demás adivinemos. Así que vamos a adivinar todos. También sabemos todos, ¿verdad? Que son muchas las galerías que cuando acuden a una feria le piden al artista que si quiere ir pague una parte del stand, de los gastos, que pague algo que le corresponde pagar a la galería pues su trabajo es promocionar a su artista pues por eso se lleva, al menos, un 50% de lo vendido.

Son muchos los artistas que han pagado y los que siguen pagando y los que pagarán. Hace años en España (y en otros muchos países y creo que es una costumbre que aún sigue viva de alguna manera) para salir en la portada de una revista de arte (o en su interior) había que pagar, con dinero o con obra, y de esa manera algún galerista con revista se hizo de oro, hasta el punto de parecer en la lista Falciani. Y no estoy hablando de artistas principiantes, ni menores, estoy hablando de nombres míticos en la historia del arte español contemporáneo. Como lo hacían casi todos, pues a nadie le parecía mal. Si lo hacían los más grandes, ¿por qué no iban a hacerlo los menos grandes, incluso los pequeños? Y es lo que pasa con la corrupción, que como lo hacen casi todos, pues acaba siendo bien vista, como algo normal, casi de un buen marketing, una buena forma de ganar dinero. Pero en el fondo todos sabemos que hay cosas que no debemos pagar, ni con dinero, ni con obra, ni con favores. Hay cosas que no se deben hacer.

Hace unos días un artista se quejaba de que una galería le pedía dinero como la cosa más natural del mundo para exponerle en su galería. Estaba sorprendido pero preguntaba si era normal, nadie dijo ningún nombre, nadie puso colorada a la galería en cuestión, supongo que por si acaso. Al parecer no era un caso aislado. Y unos se escandalizaban, otros acusaban, otros pedían justicia, otros daban consejos… pero nadie dijo de quien se hablaba, ya sabemos cómo son las redes sociales, se tira la piedra y se esconde la mano. Personalmente creo que son los galeristas, esos que no cobran a los artistas por exponerlos, los que deberían desenmascarar a esos otros colegas que maniobran en la oscuridad. Igual que los medios y los críticos y los comisarios deberían exponer públicamente a aquellos de sus colegas que actúan sin ética ni profesionalidad. No me consta que nunca se haya hecho.

Otras cosas por las que no deberíamos pagar es porque nos publiquen un libro. Es decir, un artista, fotógrafo o no, no debería pagar a un editor para que le publicara un libro. Ese es el trabajo del editor. Esas cientos de becas, esos ahorros, que sirven para que los artistas tengan un librito o librote que nadie va a comprar (y cuando digo nadie quiero decir menos de 100 personas, al margen de regalos y promoción) sólo beneficia a los editores. Igual que el trabajo de la galería es elegir y promocionar a sus artistas, el de un editor es definir su línea editorial y editar aquellos títulos en los que confía, para sobrevivir y para afianzar su marca. Ya sabemos que los poetas se autoeditan, o que algunos novelistas pagan sus primeras ediciones… ellos son conscientes de que si no lo hacen nadie se arriesgará por su trabajo, y desde sus puestos de funcionarios públicos buscan alcanzar la fama y el éxito que a veces se resume simplemente en no tener que pagarse sus propias ediciones. Pero un artista cree que está pagando su parcela de éxito, de visibilidad cuando realmente solamente está pagando la cuota de sangre. Ni su obra ni su prestigio se puede asentar en la cantidad de dinero que pueda gastar en su promoción, para eso es mejor que contrate una agencia de publicidad o un agente comercial. Pero ya sabemos que cuando un error, una mala forma, incluso un hecho carente de toda defensa ética se repite y se repite acaba siendo aceptado como algo normal. La vida a nuestro alrededor nos lo confirma en las noticias diarias. Por seguir con el ejemplo de la corrupción, esos “casos aislados” de corrupción por parte de políticos del PP son más de seis mil casos llevados a los tribunales, más de seis mil personas que cobran por trabajar para la sociedad se han beneficiado, presuntamente, de sus cargos en beneficio propio. Eso es robar. Pero ya no es una noticia, ni un escándalo, nos hemos acostumbrado ante la cantidad ingente de corruptos, pero no porque nos hayamos acostumbrado dejan de ser ladrones. Insisto en que hay cosas que no se deben pagar para conseguirlas, pues hay otros modos. Y también insisto en que es necesario dar nombres, hacer públicas esas situaciones para que no se normalicen y se conviertan en algo habitual. El que calla se convierte en cómplice y deja de ser víctima.