La escultura planteada como un “lugar”, como espacio habitable y transitable por el espectador, es la línea de investigación que durante muchos años practicó Giacometti. En un repaso por gran parte de su trayectoria, la Fundación Mapfre presenta una exposición monográfica que parte de los comienzos del artista en los que busca la simplificación formal y nuevas fuentes de inspiración que encontrará en el arte africano y oceánico; su inmersión, durante la década de los treinta, en el surrealismo le lleva a efectuar esculturas horizontales, pequeñas maquetas en las que el espacio es el protagonista generando obras que muchos han asociado con tableros de juegos en los que el espectador es una piza más con la que el artista cuenta para jugar. Pasada la Segunda Guerra Mundial el artista regresa a la figura a la que somete, al igual que al espacio y el tiempo, a múltiples procesos y experimentos. Algunos de los resultados de toda una vida dedicada a la experimentación plástica pueden verse en esta muestra, con piezas míticas como Hombre que camina I, 1960, uno de los leit motiv de su trabajo; Proyecto para una plaza, 1931; o fotografías y documentos del artista en su mítico taller. Comisariada por Annabelle Görgen-Lammers y Pablo Jiménez Burillo la muestra puede visitarse hasta el 4 de agosto.