Alberto Giacometti es sobradamente reconocido por sus esculturas en bronce pero el artista suizo también experimentó con materiales cálidos, con la fluidez del barro y el yeso, anticipándose así a los escultores posteriores –décadas de los 60 y 70– que reaccionaron contra la dureza de los materiales utilizados. En esta faceta más desconocida de Giacometti se centra, precisamente, la nueva exposición que acoge la Tate Modern y que supone la primera gran retrospectiva dedicada al artista que se realiza en Reino Unido en 20 años. La muestra está comisariada por Frances Morris –directora del museo desde enero del año pasado– y podrá verse desde el 10 de mayo hasta el 10 de septiembre. En la exhibición se colabora con la Fondation Alberto et Annette Giacometti de París para aportar una mirada distinta y nueva sobre el suizo, una investigación de la relación del artista con los materiales blandos a pesar de destacar en la historia con el uso de otros materiales o técnicas como la pintura o el dibujo. En la muestra podrán verse las seis piezas escultóricas en yeso que Giacometti hizo para la Bienal de Venecia de 1956, que por primera vez en 60 años podrán verse juntas. Estas esculturas posteriormente fueron moldeadas en bronce.

Influido por Brancusi se alejó del naturalismo y de la mano de Breton en los años 30 comenzó a frecuentar los círculos surrealistas. Hoy está considerado como uno de los grandes pintores escultores del pasado siglo, y la exposición pretende reafirmar el lugar del suizo junto a artistas como Matisse, Picasso o Degas. Más de 250 obras, algunas inéditas o muy poco exhibidas, realizan el recorrido por la carrera de Giacometti a lo largo de 50 años de actividad, desde sus inicios hasta llegar a piezas icónicas como puede ser Walking Man.

(Giacometti en la Tate Modern, Londres. Desde el 10 de mayo hasta el 10 de septiembre de 2017)